La corrupción es el freno

Tenemos suficiente experiencia en México y en Nuevo León para constatar que la corrupción no es cosa exclusiva de ningún color ideológico ni pertenencia partidista.

Hay gran variedad de corruptos. Los que se llevan mucho pocas veces o los que se llevan poco muchas veces. Los que rinden cuentas al jefe, los que reparten o esparcen, los que se quedan con todo. Los hay de todas las especialidades y todas las mañas: los comisionistas, los constructores, los diezporcientistas.

Tenemos ejemplares de todas las especies en el zoológico de la corrupción. De manos finas, de uñas afiladas, de larga cola, de cuello blanco, de smoking o de camiseta... eso sí, casi todos patriotas envueltos en la bandera.

La peor cara de la corrupción es su capacidad de obstaculizar el crecimiento, de detener los proyectos o de comprometer sus resultados. Cuando nos preguntamos por qué no funcionan los servicios públicos, nos tenemos que responder que en la gran mayoría de los casos hay en medio actos de corrupción.

¿Por qué está oscura la ciudad? Asomémonos a las licitaciones de luminarias y sus conocidos olores a podrido. ¿Por qué no ha funcionado ningún proyecto de transporte público? Porque entre gobiernos, policías y empresarios han puesto todo de su parte para debilitarlo. ¿Por qué los programas de apoyo a los más necesitados no logran disminuir la pobreza? Porque los apoyos no aterrizan donde deberían.

Y súmenle, hasta donde dé la imaginación. ¿Por qué la ciudad está tan ampliamente decorada con baches? Seguramente porque en el bacheo está el ganeo, según reza el clásico.

Se ha vuelto cada vez más importante quitar ese freno. La sociedad ha comprendido la responsabilidad de abatir la corrupción para activar los resortes del crecimiento. En la vida pública, cualquier aspirante, a lo que sea, tendrá que convencer de su capacidad de controlar y transparentar (él y todo su equipo) el uso de los recursos. Y cualquier gobernante tendrá que mantener limpia su casa... si es que quiere continuar.


luis.petersen@milenio.com