La confianza en la Comisión Electoral

El árbitro no puede perder su credibilidad en uno de los procesos electorales más complicados de los últimos años. Hasta ahora la conserva intacta, a pesar de las novedades y las circunstancias de los contendientes. La nueva Comisión ha batallado para sacar adelante los distintos pasos del proceso electoral, pero no ha puesto en riesgo la confianza de los electores. Ha sido propositiva en cuanto a los criterios, pero ha sabido acatar las decisiones del Tribunal. Medido en confianza, se trata sin duda de un avance

Así lo hizo en el nombramiento de los comisionados (licenciados) municipales. Cuando el tribunal estatal echó para abajo un criterio, la Comisión lo acató sin chistar. Lo mismo con la paridad de género mandada por primera vez. La Comisión ha actuado proponiendo formas de lograrla; en algunos casos ha sido impugnada y sus ideas descartadas, pero nadie ha dudado de su voluntad de hacer las cosas apegada a la ley y de corregir cuando es necesario.

Lo que viene ahora son las candidaturas independientes y la CEE se tiene que mantener en estado de gracia. Corren los últimos días para que los aspirantes entreguen sus respectivos miles de firmas. A la Comisión le corresponde la tarea de certificar y de avalar en muy poco tiempo y con pocas herramientas. Es el desafío más próximo, y no está nada fácil, pero hasta ahora hay confianza suficiente para respaldar su decisión.

Los contendientes, partidos y candidatos, se encuentran en situaciones cercanas a lo desesperado. El PAN aquí se juega mucho, tanto como su capacidad de llegar con alguna fuerza a 2018; para Gustavo Madero perder este estado significa casi un descarrilamiento. El PRI también: se juega la posibilidad de no convertir el descalabro presidencial en un efecto dominó, al menos en Nuevo León.

La Comisión no puede perder su credibilidad y hasta el momento la mantiene.

Los partidos políticos por supuesto que pelean lo que consideran suyo y son muy generosos consigo mismos. Lo que mejor los pinta es la imagen de un jugador de futbol haciendo un tango porque el árbitro no cobró la falta, o la cobró apenas. Eso pasará una y otra vez. Pero si la gente confía en el árbitro no podrá haber mañas electorales. Prueba superada. Hasta ahora.

luis.petersen@milenio.com