El otro clásico

Habrá periodo extraordinario sin cuentas públicas, dicen los titulares hoy. Finalmente, el dichoso periodo en el Congreso se llevará a cabo sólo para homologar la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública, pues ya se había pasado el tiempo para votarla. Las cuentas públicas, ya se verá. Cuál es la prisa.

Hace ocho días comenté que el juego de las cuentas públicas es un clásico en la política mexicana. Los partidos políticos se enfrentan por ellas en cada legislatura. Suelen ser juegos apretados que muchas veces terminan en empate. En el Congreso, digo.

Primer tiempo. La semana pasada, los panistas convocaron a un periodo extraordinario destinado a la revisión de cuentas públicas del gobierno de Nuevo León y del municipio de Monterrey correspondientes a 2013 y 2014. Son cuentas de Rodrigo Medina y de Margarita Arellanes.

Adelantaban que el PAN votaría en contra de las dos. Pero sabían que, siendo minoría, no estaba en sus manos. Las cuentas ya estaban vistas por la Auditoría: el informe tendría que pasar a la comisión de Hacienda para su dictaminación y, posteriormente, al Pleno para su aprobación o rechazo definitivos.

Ahora estaba en manos del PRI y sus aliados aceptar el periodo extraordinario para hacerlo. Todos sabían que el PRI estaba en aprietos y que tendría que pagar, ante los ciudadanos, el costo político de ser quien se niega a desempolvar las cuentas públicas.

Segundo tiempo. Ayer se votó el tema en la Permanente. Y, con algo de maña, no le salió tan caro. Sucedió lo que no podía dejar de suceder. Aprovechando el hueco que le habían dejado, el argumento priista fue: periodo extraordinario sí, pero para un asunto inaplazable, pues la homologación de la ley de transparencia es urgente. Las cuentas públicas todavía pueden esperar. Estaba cantado.

Un clásico. Empate, uno a uno, si se ve PAN contra PRI. Si se ve, en cambio, políticos contra ciudadanos, la victoria de los primeros es apabullante: 3 a 1. Como siempre.

luis.petersen@milenio.com