1915, cien años después

El pasado fue el año de la nube negra. Obscureció, brotaron los problemas. Nadie lo duda. Pero aún es una incógnita qué significa todo esto, de cuáles problemas se trata en el fondo. Si es mal manejo político o una expresión contra las reformas del año anterior, o por fin una explosión ante la falta de oportunidades, largamente reprimida y olvidada por el México dirigente, nadie lo sabe.

Hace un siglo las cosas parecían igual de oscuras. En su escrito más conocido, un ensayo titulado 1915, Manuel Gómez Morín explica que fue sólo entonces cuando muchos comenzaron a ver más claro lo que estaba sucediendo en el México convulsionado en que vivían. “Del caos de aquel año nació la Revolución”, escribe. “Del caos de aquel año nació un Nuevo México, una idea nueva de México y un nuevo valor de la inteligencia en la vida. Quienes no vivieron ese año en México apenas podrán comprender algunas cosas. Vasconcelos y Alfonso Reyes sufren todavía la falta de esa experiencia”.  

Transcribo un par de párrafos: “El año de 1915, cuando más seguro parecía el fracaso revolucionario, cuando con mayor estrépito se manifestaban los más penosos y ocultos defectos mexicanos y los hombres de la Revolución vacilaban y perdían la fe, cuando la lucha parecía estar inspirada nomás por bajos apetitos personales, empezó a señalarse una nueva orientación”.

“Con optimismo nos dimos cuenta de insospechadas verdades. Existía México. México como país con capacidades, con aspiración, con vida, con problemas propios. No sólo era una fortuita acumulación humana venida de fuera a explotar ciertas riquezas o a mirar ciertas curiosidades para volverse luego. ¡Existían México y los mexicanos!”.

Un siglo después, el país está convulsionado y a tientas. La clase política se quedó de repente atónita, paralizada ante la incapacidad de mirar más allá de sus narices o ante la convicción de que cerrando los ojos los problemas se van.

Los diagnósticos deberán ser diferentes que en 1915. Las soluciones también. Pero el énfasis en el esfuerzo de entender, de ver más claro, de pensar y quitar los obstáculos egoístas a la propia mirada, de actuar en función de lo que se piensa y de aprender en la medida que actuamos, eso tiene más de cien años de vigencia. Ojalá encontremos el optimismo. Feliz Año Nuevo.

luis.petersen@milenio.com