Aprender a aprender... ¿y los maestros?

El nuevo modelo educativo, presentado hace tres meses por el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, estará centrado en "dejar atrás la memorización para que los niños aprendan a aprender".

Es fundamental. Aprender es algo que no podemos dejar de lado en ningún momento de la vida. Pero los niños no van a aprender a aprender si los maestros no enseñan a aprender.

Y los maestros no lo harán si ellos mismos no han aprendido a aprender, a apasionarse por el conocimiento.

Entre otras cosas, para ellos, los maestros, es clave aprender a aprender de la propia práctica educativa.

No digo que sea la única herramienta. Tampoco digo que las evaluaciones y los concursos de oposición para docentes sean poca cosa. Pero nada enseña tanto como revisar lo que hacemos, sobre todo detectar lo que vamos produciendo en los alumnos eso que hacemos. Y sobre todo, entender qué hay de educativo en lo que produjimos.

Aprender de la práctica educativa supone ante todo un hábito de observación, de comprensión, de crítica, de mejoramiento de nuestro quehacer.

Al revisar la práctica no se trata de observarse uno mismo, sino de voltear hacia los estudiantes. No ver lo que nos pasa a nosotros sino lo que les pasa a los alumnos. Y tratar de captar en sus actividades, en sus trabajos, en sus interacciones, en sus caras, indicios de lo que va pasando en sus cabezas.

Es importante llevar registros de estos indicios. Otra vez, no es el registro de lo que el maestro hizo, dijo, o va a decir, sino de lo que hicieron, preguntaron o dijeron los alumnos. Y buscar en esos registros evidencias de apropiación del conocimiento. Mientras no haya estas evidencias, no hay educación por más que la clase haya salido bonita, ordenada, brillante.

Resulta que desde siempre el conocimiento empieza por preguntas, sigue con intentos de respuesta y luego por mejoras a estas respuestas. Implica operaciones, implica actividad. Restringir la educación a escuchar al maestro deja, a lo mucho, una cierta memorización, esa que hay que dejar atrás.

luis.petersen@milenio.com