Más oscuro que el apagón

Historias de la oscuridad: las tiendas de víveres que tenían planta eléctrica quedaron abarrotadas. Las filas en las cajas eran inusualmente largas y los carritos venían repletos de agua y comida enlatada. Solo porque se había ido la luz.

El apagón generalizado el domingo en la tarde despertó los más temibles monstruos en la imaginación regia. Sobre todo la desconfianza, la convicción  de que las débiles instituciones nacionales, en este caso la CFE, no son capaces de reparar el daño.

Apoyada en redes sociales, la gran ciudad de Monterrey, conocedora de la amplitud de la falla, quedó convencida de que el apagón del noreste duraría hasta dos días. La causa podía ser cualquiera: un atentado, una de las tormentas de moda, un terremoto, o Trump.

Y la CFE enmudeció. No fue capaz de pasar un aviso de lo que estaba sucediendo. Estoy seguro de que hubiera sido entendido. Pero no existió.

El silencio de la empresa y la “información” de redes y chismes se sumaron a la oscuridad al anochecer. Los celulares eran los únicos aparatos que se mantenían cargados. ¿Habrá un ambiente más adecuado para el surgimiento del miedo y la desconfianza? 

Aun cuando la situación se normalizaba poco a poco, las gasolineras que podían dar servicio acumulaban filas de automóviles de más de una cuadra. Seguramente estos conductores creían que, aunque ya había vuelto la luz en algunos lugares, persistía el riesgo de que la cortaran otra vez.

¿Por qué la Comisión Federal de Electricidad se quedó callada? Es algo que no sabemos. Aún ahora un día después del apagón, el detalle sobre su causa permanece desconocido para la opinión pública. En efecto, la CFE mandó comunicado muy tarde ayer. Pero además no aclaraba nada: se trataba de una falla técnica y ya. Solo que la tal falla tuvo lugar en la Subestación San Jerónimo. Más oscuro que el apagón.

En las redes sociales el viejo chisme no encuentra un obstáculo sino, al contrario, al poderoso aliado que siempre hubiera querido tener. Y las instituciones no quieren verlo.

luis.petersen@milenio.com