El anzuelo y el PES

El sospechosismo electoral especula que habrá al menos otro candidato a gobernador que decline.

La retirada en pleno debate del candidato Raúl Guajardo, del Partido Encuentro Social, aunque ya la había platicado aquí y allá, puso en aprietos a la CEE.

En primer lugar, dejó mudo al moderador, que supongo se vio obligado a decidir al momento si el señor ex candidato podía continuar participando en un debate de puros candidatos. Quizá Guajardo se equivocó de turno para renunciar y pensó que era ya su última oportunidad de hablar: se pudo haber aguantado hasta el final… o tal vez creyó que si se esperaba otra ronda, El Bronco, su favorecido, no tendría después tiempo de agradecer el gesto. Y eran los otros treinta segundos de su minuto de gloria.

En segundo lugar, aunque se puede suponer que si alguien se quiere ir se irá, la ley no prevé renuncias, ni en debate ni por escrito, salvo por causas de fuerza mayor. Sobre todo, no le da oportunidad al partido de nombrar otro candidato. Las boletas están impresas.

La Comisión Electoral deberá responder una pregunta importante: ¿podrá el PES contabilizar los votos que, aun con candidato retirado, caigan sobre su logotipo en las boletas electorales? Para mantener su registro necesita obtener tres por ciento de votos, ya sea en la elección de diputados o de gobernador.

Hay dos respuestas posibles. Una: como los votos no se los lleva el candidato a donde vaya, se contabilizan para el partido de origen. Otra: como el partido no tiene candidato en realidad, los votos se anulan como si fueran “por nadie”.

Esta última opción, que lastima a cualquier partido pequeño que lucha por existir bajo la regla del tres por ciento es, sin embargo, la única que tiene lógica. Llevadas las cosas al extremo, no debería sobrevivir una agrupación política que llegó a tres por ciento de la votación con un candidato que no se presenta a votación.

El PES mordió el anzuelo, aunque no tenía muchas esperanzas con su candidato. Pero, ¿qué pasaría si Fernando Elizondo hiciera lo mismo? El partido anfitrión, en este caso, sí que sufriría el desaire. Pero es puro sospechosismo, nadie ha dicho nada. ¿O sí?

luis.petersen@milenio.com