91 años


El 2 de enero cumplo 91 años, me dijo con una sonrisa. Desayunamos hace poco más de un mes. Pidió menudo, “sin caldo porque me lo tienen prohibido” y después “un pan dulce para la lombriz”. Se lo comió todo.

Don Israel Cavazos no abandona su vocación de guardián de la memoria del estado. Esa mañana habló del archivo de Monterrey, del estado deplorable y preocupante en que se encuentra ahora. Ponen plásticos arriba de documentos valiosos para protegerlos del agua que gotea, comentó. Antes no pasaba eso, sólo se arriesgaban realmente cuando había guerras o calamidades. “A los panistas nunca les ha interesado cuidar los archivos”.

Hizo un recuento de sus viajes recientes. Había ido a Las Vegas (¿Ganó algo, don Israel? “Sí, con el dinero de un amigo que me invitó, pero ya no quiso recibir de vuelta el préstamo inicial”). Y meses antes había viajado a Europa: “Hace 60 años concluí que Chapa era el cronista desconocido y ahora en su natal Italia lo quisieron homenajear”.

Después platicó de sus nietos, que viven en Washington y de la historia de su hija. Una vez fue a Estados Unidos con una familia que gustaba de recibir extranjeros. Tiempo después, un alemán llegó a esa casa, vio la fotografía de la antigua huésped y preguntó dónde vivía. Cuando le dijeron que en Monterrey, vino a conocerla. Se casaron y se fueron a vivir al extranjero. No querían tener hijos, pero justo en una visita a Monterrey ella quedó embarazada: fueron triates, dos niñas y un niño que ahora ya terminaron sus estudios.

Don Israel respondió que sí, que iba a escribir esa historia para que la tuvieran sus nietos. “Pero no he encontrado el tiempo”.

Se levantó. Se puso su abrigo. Hacia la salida del restaurante recorrió el camino apoyado en los respaldos de las sillas, con el bastón en la mano. Caminando, hizo un recuento de lo que le faltaba por escribir. Sobre todo de ganadería. ¿Ganadería? “Yo no me le acerco a un borrego, pero en la historia de la ganadería está todo”.

Lo esperaba Salvador, su asistente, en la camioneta, una Honda CRV 2005 blanca. “Me la regaló un amigo al morir su padre. Se lo agradecí mucho, por supuesto. Jamás me hubiera podido comprar una así”.

Hoy cumple 91 años. Felicidades.