¿Ya se acabó la campaña?

Mientras el gobernador electo no asegure que terminará el periodo de gobierno para el que fue electo, su equipo de trabajo va a estar pensando quién será el posible sucesor en dos años. O en quién va a gobernar incluso de aquí a entonces.

Jaime Rodríguez Calderón ha dejado pasar innumerables oportunidades para decir "no" a otra candidatura. Hasta la fecha, al contrario, se ha esforzado por dejar una puerta abierta que le permita pasar, dentro de dos años, a la campaña presidencial.

Las reuniones y los viajes de Rodríguez Calderón por todo el país, que giran en torno a un proyecto independiente para México y no alrededor de cómo lograr un mejor Gobierno Estatal, no pueden más que ser leídos como la continuación de la campaña. Hay un mensaje dentro de la botella: 2018 sigue siendo una tentación para el candidato Bronco.

Y eso, hacia dentro de su propio gobierno a punto de comenzar, no significa otra cosa que debilidad.

Los vacíos en política no existen, algo acaba por llenarlos. La conformación del nuevo Gabinete es ya una muestra de la cuarteadura que cruza al gobierno. Para cualquier observador las decisiones se van alineando en dos partes: las que provienen del grupo inicial y las que se originaron en la alianza con Fernando Elizondo. La pugna por la designación del procurador no es la única, aunque sí la más visible de las señales de tensión.

Nada más por si las dudas, sólo por si se da el caso de que el gobernador a partir del domingo necesite su tiempo para la siguiente aspiración política, los equipos en pugna se ven llevados a prepararse para tomar el control.

En nada abonan, pues, a la unidad las sospechas de que el gobernador se irá de licencia dentro de dos años. Y la unidad es clave para que se pueda pensar en un gobierno que cumpla con las altas expectativas que generó.

La experiencia de quienes han participado en gobiernos es unánime: gobernar es más que complicado y no puede haber ni asomo de fracturas entre los miembros de un Gabinete.

Los secretarios son brazos del gobernador y cuando el liderazgo queda en disputa, la capacidad de hacer algo por el Estado se anula.


luis.petersen@milenio.com