Voto útil: encuestas y redes sociales

Faltan dos semanas y tres días para la elección. Son los tiempos del voto útil: dejar de votar por quien se pensaba, para apoyar otra opción que sí pueda ser ganadora. Supone la convicción de que la primera opción no tiene posibilidades de triunfo. Y la convicción de que cambiar evita que el peor llegue al poder.

En otras palabras, todo depende de la percepción: si veo que mi gallo de plano no gana… El tema aquí es cómo podemos saber que un candidato no tiene posibilidades y otro sí. Normalmente eso lo buscamos por medio de conversaciones, información de expertos, encuestas, lo que podamos, pero en realidad nadie lo sabe, en la medida en que no ha habido votación.

Los candidatos, a estas alturas, se pelean por el voto útil. Tienen que presentarse como ganadores o como segundo lugar: como alguien que realmente tiene posibilidades de llegar en primero.

Hay muchos instrumentos con los que pueden influir en la percepción ciudadana en busca del voto útil. Aquí hay dos muy socorridos.

El primero es el montón de encuestas: para los candidatos aparecer en primero o segundo lugar en los estudios de opinión es clave. Sobre todo, aparecer lejos del tercero para atraer a sus votantes.

En algún momento tal vez funcionó para instalar una percepción en los votantes posibles, pero ahora estamos en medio de una guerra de encuestas que ha terminado por restarle credibilidad a todas y convertirlas en algo inútil. Cada cual porta la encuesta que le conviene.

El segundo es el trabajo político en redes sociales. Hay cientos de personas empleadas bajo la libertad del anonimato, para intentar influir en la percepción del votante potencial. Tener una ola de comentarios que machaquen la idea de que un candidato es el más cercano la gubernatura, de que el otro está en la lona, o en el ridículo, se ha convertido en uno de los objetivos de todo político respetable.

Seguidores profesionales de quien los contrata, críticos implacables de los demás, estas hordas buscan dejar en claro quién es el candidato que está perdido y por el que no vale la pena cambiar. El punto es que su credibilidad, también, está en duda. Las cascadas de voto útil, también.

luis.petersen@milenio.com