¿Volver a empezar?

Veintidós asesinados en un fin de semana, entregados con lujo de crueldad: diez cuerpos expuestos desnudos en el lugar de su muerte, un expendio cervecero de la bronquísima Villa de García; tres cuerpos más puestos en lugares precisos de San Pedro el rudo, el día y la hora seleccionados para hacerlos irremediablemente visibles y elocuentes; una mujer embarazada acompañada de otras dos y un hombre, ultimados en la colonia Independencia…

Volvió en estos días la violencia de alto impacto que creíamos superada. El fin de semana hubo más de estas ejecuciones que en todo junio del año pasado, según un reportaje de Eduardo Mendieta publicado aquí.

Muy probablemente este repunte se aprovecha de la debilidad institucional que queda después de un periodo electoral particularmente duro. Las heridas de campaña no han cicatrizado y en la transición se tambalean las instituciones y sus mandos. Los grupos delictivos, en río revuelto, aprovechan también para reacomodar sus peleadas posiciones.

Todavía no dejan el poder los gobiernos que, hay que decirlo, pusieron bajo control una etapa de inseguridad que no se había vivido antes. Si pensaban que ya se iban, pues van a tener que sentarse de nuevo. Ni modo.

La ventaja es que ahora el Estado no se enfrenta con algo desconocido. Hay que aprender de nosotros mismos. Las conclusiones que en todo el país se sacan acerca del caso de éxito llamado Nuevo León tienen que ver con los puntos siguientes:

1. Lo logrado hasta ahora es producto del esfuerzo conjunto. “Con la seguridad no se juega ni se hace política”, se insistía. Gobiernos, partidos, empresarios, universidades le entraron al compromiso.

2. El apoyo constante del Ejército y las fuerzas federales fue clave. Enfrentaron a las bandas, suplieron a las policías y pusieron el ejemplo.

3. La decidida creación de una policía estatal desde cero, Fuerza Civil, una policía preparada, confiable y bien pagada, posibilitó suplir paulatinamente al Ejército.

4. La seguridad se volvió prioritaria en la agenda de los gobernantes y en los presupuestos.

5. La depuración y la vigilancia de las corporaciones estatales y municipales, a partir de las pruebas de confianza, empezó desde el principio.

Eso es lo que ahora ven otros estados. Ojalá que nuestras rupturas políticas no se traduzcan en descuido de la seguridad. Sería volver a empezar.

luis.petersen@milenio.com