“Vamos por todo”

El líder de los diputados priistas, Édgar Romo, afirmó ayer que su bancada va por todo, apoyada por sus nuevos aliados independientes. La pregunta es: ¿Hasta dónde puede llegar esa alianza? Porque, ciertamente, priistas no son.

El “Vamos por todo” de Romo supone, al interior del Congreso, ir más allá de las comisiones legislativas: controlar de la Oficialía Mayor, la oficina de Comunicación Social y la designación de puestos directivos. Todo eso es perfectamente posible.

También incluye la votación a favor de candidaturas independientes, a tiempo y con condiciones adecuadas. En este punto, bueno, más les vale que lo lleven a término. Ya hicieron un grupo legislativo independiente en el Congreso y uno puede suponer que no lo consideran sólo un espacio para los que vayan renunciando cada vez a sus partidos.

Parece que ya empezaron la tarea, sólo que primero hicieron la última página. Sería una incongruencia que no la terminaran. A los candidatos independientes no les importará que primero los hayan invitado a pasar por la puerta de atrás... con la condición de que tengan abierta, de par en par, la puerta principal.

Lo que no puede ser parte de ese “Vamos por todo” es la ley antichapulineo. Primero, porque ni queriendo lo harían: un cambio de tal tamaño supondría una Reforma Constitucional y para eso se necesitan 28 votos. Francamente estaría difícil obtenerlos. Segundo, porque los actuales independientes no estarían de acuerdo. Al menos Luis David Ortiz lo ha dicho. Y tercero, porque a estas alturas, cuando la reelección de alcaldes está ya a la vuelta de la esquina, revivir el asunto del chapulineo sería una burda (y absurda) oposición a la candidatura de Margarita Arellanes. Sería aprovecharse, entre todos, de una mera circunstancia que desvirtuaría el trabajo legislativo. Y tendrían que echar marcha atrás en pocos años.

Sin embargo, el  “Vamos por todo” sí se aplica al grupo legislativo panista. Algo así como “vamos por toda la bancada”: conservar la apertura para recibir a otros posibles disidentes. El PAN, está claro, se halla en un estado de fragilidad delicada. La forma de reaccionar hacia los ahora independientes, tachándolos de vendidos, lo prueba. No están siendo capaces de entender lo que sucede y, si siguen así, se les van a ir otros.  

luis.petersen@milenio.com