Trienio del fracaso

Es cierto que ha llovido mucho. Si la ciudad estuviera sólo mojada, enlodada, incluso con algunos desperfectos en el pavimento, las luces y la limpieza, podríamos echarle la culpa a la lluvia.

Pero no es el caso: la ciudad está destrozada, un poco por la lluvia, pero sobre todo por descuido, la distracción, el mal manejo y negligencia.

En verdad sí creo que las actuales administraciones de los municipios metropolitanos son las administraciones del fracaso. No sólo del gran fracaso de los proyectos que trajeron de aquel viaje a Medellín, Colombia, semanas antes de tomar posesión como alcaldes, proyectos que se supone transformarían la ciudad y de los cuales no quedó prácticamente nada. No. El fracaso va más allá de promesas incumplidas: ni las más elementales responsabilidades de la autoridad municipal se han cumplido este trienio en la zona metropolitana. Ni siquiera la seguridad y los servicios básicos.

Los pavimentos viven sus peores tiempos. El otro día comenté que nos convertimos en una gran ciudad de autos de lujo y calles de lodo. Los pavimentos requieren mucho más que bacheo. Margarita Arellanes, ya de regreso a la silla municipal, admitió que cerca de 30 por ciento de las calles de Monterrey están dañadas. Ugo Ruiz ha insistido en construir de nuevo las calles de San Pedro. Y en Guadalupe, el alcalde César Garza habla de calles “abatidas, cansadas”.

Y no se va a poder: no hay ni habrá dinero para atender un problema del tamaño del descuido y la distracción de la autoridad en otros temas. Sólo cinco por ciento de los presupuestos anuales son para pavimentación y, con la caída de las participaciones petroleras, se puede esperar una baja adicional en los ingresos municipales.

La iluminación urbana es otro ángulo evidente del fracaso. La ciudad está oscura. Después de dos años de licitaciones y contra licitaciones por las luminarias, hay zonas sin luz y otras muy extensas en penumbra.

Quien aspire a una alcaldía metropolitana tendrá que estar muy atento a las advertencias. Monterrey es el tercer municipio más endeudado de México, con casi 2100 millones de pesos, sólo después de Tijuana y Guadalajara, que se acercan a los 2500 millones. ¿Aún así quieren?

luis.petersen@milenio.com