Topo Chico, el espejo

El grado de civilización en una sociedad puede medirse entrando a sus cárceles". La cita se atribuye a Dostoievski en sus Memorias de la casa de los muertos, escrita desde la prisión siberiana en 1861.

No me lo van a creer, pero no la pude encontrar. Sea o no suya, la frase, de cualquier manera célebre, adquiere una luminosidad (o una oscuridad) espeluznante en el Nuevo León de 2016.

¿Topo Chico es un espejo de nuestra sociedad? ¿Topo Chico es un espejo de nuestro grado de civilidad?

Un penal regido por bandas del crimen organizado que se disputan el control de la plaza. Un penal donde los líderes no son parte de la lista de víctimas porque están protegidos por varios círculos de escudos o de atacantes, gente con delitos menores, para armar la batalla sin que ellos se manchen de sangre.

Un penal donde los poderes de facto controlan los negocios y el flujo del dinero y ordenan quién entra y quién sale para que instalen y den mantenimiento al sauna, provean el bar o proporcionen todo tipo de servicios personales, gastronómicos o domésticos.

Un penal donde los internos pueden no estar en sus celdas en la noche, si así lo ordenan estos poderes.

Un penal donde los que no tienen dinero para sobrevivir se ven obligados a la obediencia. Donde son sometidos a una presión intensiva de la ley de plata o plomo que afuera sólo conocemos en sus versiones diluidas.

Un penal sobrepoblado donde los pequeños delincuentes aprenden a matar (algo bastante más especializado que robar estéreos o celulares) mientras esperan la larga fila de su sentencia.

Un penal donde la autoridad formal, desde el celador (que nadie quiere ser) hasta el director (que nadie quiere ser), no puede intentar una reubicación de internos porque se arriesga a una riña contra el que vaya resultando favorecido por los movimientos, contra su ejército, provocando heridos, lesionados, quemados y muertos.

Un penal que se convierte en un panóptico de la ciudad a su alrededor, desde donde puede controlarse la extorsión, la venta al menudeo de droga, o la vida y la muerte de miles de personas.

Topo Chico no puede seguir siendo así. Va a terminar siendo insoportable mirarnos en ese espejo.

luis.petersen@milenio.com