Tanarah: camino cerrado en el ex municipio modelo

Sorpresa. Mientras el Ayuntamiento de San Pedro suponía que los dueños de la torre Tanarah preparaban el plan de demolición de cinco pisos, tal como había sido ordenado, detectó que en el edificio se hacían trabajos para terminar lo que debían derribar y para subirle todavía un poquito más a la altura de la torre.

Es un inusual desafío a la autoridad. Una expresión de que esperan se venza el plazo, pasado mañana, sin mover ni un dedo para planear y facilitar la demolición ordenada; de que esperan quizá un amparo, algún juez que se la juegue con ellos y que esté seguro de que la construcción, de 18 pisos originalmente y de 29 al final, fue correcta y sobradamente reforzada para nuevos pesos, nuevas cargas y nuevos vientos allá arriba.

La autoridad y sus peritos afirman que, más allá de veinticuatro plantas, la torre Tanarah presenta riesgos: hay que quitarle un copete de cinco para que la seguridad quede garantizada. Argumentan que los movimientos de la estructura ya han roto vidrios y los han mandado a volar por los aires.

La empresa y sus peritos dicen que la orden de demoler varios pisos es un abuso. Que las columnas, ya reforzadas, aguantan lo que hay.

La autoridad piensa que si algo llegara a pasar, la responsabilidad se le vendría encima precisamente a quien dio los permisos (y permitió violarlos).

La empresa piensa que si no consigue un amparo y el municipio derriba la parte alta de la torre, lo que sigue será una demanda al alcalde por los daños.

Es también un inusual desafío a la ley (en una de ésas, a la ley de la gravedad, pero no es a lo que me refiero). Si la demolición no se efectúa, muy pronto brotarán casos similares en medio del desorden sampetrino, ahí donde los permisos tienen el mismo valor que una boda de kermés y las leyes de desarrollo urbano, los planes parciales y todo eso, valen juntos lo que un cacahuate.

Y también está, queriendo o no, la lectura política. Para Ugo Ruiz ésta es la madre de todas las batallas. Si la gana, habrá logrado un orden capaz de catapultarlo a otras esferas. Si no, difícilmente podrá sostenerse en la cuerda floja de su oficina. Así es el ex municipio modelo.

luis.petersen@milenio.com