Ruta paisana

Las colas en las casetas de cobro eran largas, pero eso sucede también en otras ocasiones. La diferencia en el tránsito de autopistas en épocas navideñas la aportan los paisanos que, como aves migratorias, cumplen el ritual cíclico de buscar el calor de su gente y su terruño.

Desde Georgia, Carolina de Norte, Florida, Illinois, Indiana, Texas, Florida, Tennessee, Arkansas, muchos convergen en los libramientos de Monterrey y se enfilan (literalmente son filas) por la autopista hacia Matehuala acompañados por ese paisaje de cactus que parece más bien de camellos. Y de ahí a San Luis, Zacatecas, Querétaro, Guanajuato…

Vans, pick-ups, camionetas de todo tipo vencidas por el peso, con o sin cubierta de lona, caseta, remolque, plataforma trasera o canastilla de techo, toman la carretera. El enigma es a qué responde semejante carga. Lo que se alcanza a ver sugiere que son simples regalos: bicicletas, hornos de microondas, todo tipo de andaderas de plástico, juguetes, paquetes de Budweiser. Lo que más llama mi atención es una Chevrolet a la que abajo de su carga navideña le sobresalen de doce a quince tubos de riego. Ah, y las llantas. Una de cada diez de estas pirámides móviles se corona con un buen juego de llantas. Y a saber qué llevarán dentro de las grandes hieleras, las bolsas negras como de basura o las cajas de cartón.

Será la simple nostalgia, o el agradecimiento por la inversión que tantos hicieron para que ellos llegaran al otro lado, los que les consiguieron lana, los que les dieron contactos o los que sólo dejaron de tenerlos a un lado… quién sabe, pero que no se diga que ellos, los paisanos, olvidan. Que ya se fueron para siempre.

Porque bien saben que aquí no los olvidarán. Eso se los repite la bienvenida mexicana en todas sus formas: los programas oficiales, la comida caminera, los federales que los detienen cuando el cerro de su carga parece inclinado o excesivo.

Y la recepción al lado del camino: mujeres y niños salen con pañuelos a dar su apoyo y bienvenida a los que van pasando. No vaya a ser que en una de ésas llegue quien esperan y no haya nadie para recibirlo.