Primer viernes (sin clase) de la primera semana (sin clase)

La puesta en marcha de los nuevos tiempos es ahora el desafío: en Nuevo León, uno de los estados más o menos bien calificados en sus resultados escolares, se batalla para echar a andar el curso escolar.

Sobre todo son las escuelas de tiempo completo. Muchas de ellas fusionaron los turnos matutino y vespertino para dar una educación de más horas a todos los alumnos juntos. La primera semana de operación de estas escuelas resultó reprobada.

Hubo quejas de todo: no había pupitres suficientes; la comida, encargada a cinco proveedores, llegó tarde, fría y “ralita”; en algunos casos simplemente no había maestros y en otros los docentes se iban después de su horario “normal”. Ayer, cuarto día de clases, la secretaria de Educación, Juana Aurora Cavazos, recorrió las escuelas y garantizó la mejoría. Para el lunes, claro, porque hoy no hay clases: último viernes de mes.

Falta de planeación o exceso de vacación. Las dos cosas, sin duda. Mejorar el sistema educativo es difícil: mucho depende de las leyes y en eso se ha avanzado en los meses recientes. Pero también depende de la voluntad y de los ambientes que se crean al juntarse las voluntades.

Para muchos buenos maestros cualquier reforma educativa es difícil, como todo cambio, pero los sostiene la convicción de que los movimientos hacia una mejor escuela son indispensables.

Entiendo que ellos, los buenos maestros y directores, están de alguna forma pagando por los malos, quienes no quieren ver un poco más allá y no practican  el mínimo ejercicio de la autocrítica. No tienen ganas de ver lo obvio: que no hemos llegado a los estándares necesarios en el mundo actual y cada vez más nos alejamos de ellos. Mayoritariamente nuestros niños no leen, las matemáticas les vienen mal y el conocimiento, en lugar de ser placentero, resulta estar en la cola de la lista de prioridades.

A los maestros que no han pasado, sólo se les puede pedir que se preparen. Punto. Que descubran en ellos el placer del conocimiento, de la lectura, del método, de la curiosidad desafiada. Y que no les echen la culpa a sus propios maestros, como seguramente no quieren ser culpados por sus alumnos.

luis.petersen@milenio.com