¿Podrán contra la corrupción?

Ayer decía aquí que si un candidato no tiene una propuesta contra la corrupción, que sea contundente y que empiece por él mismo, nada tiene qué hacer en campaña. Es el primero entre varios temas cruciales que deberán tocar quienes aspiran a ser alcaldes, diputados y gobernador.

Es curioso que lo más viejo se haya convertido en algo central. Porque no es la primera vez que se vuelve importante. Pero cada vez que aparecía, la corrupción se hacía acompañar de sus propios defensores: siempre ha habido quien acaba concluyendo que a fin de cuentas así estamos bien, que de cualquier manera alguien se va a quedar con el dinero; que la corrupción, mientras salpique, es una forma de distribución de la riqueza y cosas así.

Ahora no. Al contrario, entre casas blancas y trenes, en medio año se ha instalado como el mayor reclamo social.

El tema es particularmente difícil para los candidatos. Deberán convencer a sus posibles votantes de su capacidad para enfrentar toda una inercia de impunidad. Porque, en Nuevo León como en el país entero, la persistencia de la corrupción ha acabado por convencer a todos de que es imposible ser político sin ser sospechoso (y, claro, que es mejor estar cerca de tal sospechoso para que salpique).

Mientras no pase nada con quienes cometen actos de corrupción, a todos los niveles, la inercia seguirá imponiéndose. Y aun si se castiga, tendrá que pasar al menos una generación para que se vean realmente los resultados. Los candidatos tendrán que explicar esto también.

Ayer mismo, en San Lázaro, se comenzó a discutir en comisiones el dictamen del Sistema Nacional Anticorrupción. Los diputados federales buscan la ratificación del secretario de la Función Pública por parte del Senado, la no prescripción de las faltas graves antes de siete años y, un punto importante aquí, la revisión de las participaciones federales a estados y municipios. Hoy se votará en Pleno, pero faltarán todavía el Senado y los congresos estatales para que pase.

Por lo pronto, este debate les dará a nuestros candidatos herramientas y guías para sus propuestas de gobierno. Está claro que ninguna de estas herramientas funcionará si no hay mucha voluntad política. Pero hoy, más que nunca, están obligados.

luis.petersen@milenio.com