De Pesquería a 'Pescorea'

Si alguien pretende candidatearse para la función pública en el rumbo de Pesquería, o quiere simplemente ser amable con su probable vecino, más le vale aprender a decir annyeonghaseyo (o algo así). A menos, claro está, que no esté dispuesto ni siquiera a intercambiar un hola con quien se tope en la calle.

La faz de la tierra se renueva. Pesquería, la sede, pero en realidad toda la zona metropolitana de Monterrey, recibe la planta armadora de Kia Motors. Se construye apenas, pero han llegado ya supervisores de la obra, directivos de la empresa y los primeros guías que ayudarán a sus compatriotas a instalarse sin contratiempos.

La inversión es de altos vuelos y, según el reportaje de Daniela García, páginas adelante, Pesquería va cambiando su forma de hacer publicidad, de construir hogares y, en algunos casos, de comer. Hay panorámicos en coreano que ofrecen casas y apartamentos en renta, hoteles que promueven paquetes, restaurantes que se esmeran en traer ingredientes de lejos y en imitar los que no consiguen, tiendas especializadas...

Sobre todo hay que ver afuera del lugar donde se construye la planta. Los puestos de comida que sirven por parejo a mexicanos y extranjeros pintan de cuerpo entero a los recién llegados. Es que después de todo no son tan diferentes: les gusta el cortadillo y los frijoles, las hamburguesas y el arroz, entre más picante mejor, comentó a la reportera la dueña de un puesto de comida.

Muchos han pensado que los coreanos se parecen a los mexicanos y que no sufrirán la adaptación. Lo cierto es que los que vienen acá se acabarán pareciendo a nosotros y dejarán su huella en la ciudad, como siempre pasa. Por lo pronto, sabemos que en algunos lugares han tenido que contratar guardias para cuidar los estacionamientos reservados, porque los coreanos no han resultado buenos para respetarlos. Tendremos que aprender a escribir Nae jali e jucha haji masibsio (o algo así): por favor no se estacione en mi lugar. Pero sobre todo, ellos tendrán que aprender a lidiar con nuestro espíritu un tanto racista y con dificultades para abrir las puertas a la diversidad. Puertas de las casas, los colegios, los clubes, que son las puertas de la confianza. De Pesquería a Pescorea.  

luis.petersen@milenio.com