Paridad de género: se quedaron cortas

Se vieron muy conciliadoras las mujeres políticas de Nuevo León al aceptar localmente una dispar paridad de género en la función pública. Se contentaron con el 60-40. Sus motivos eran más de orden práctico: llegar a un 50-50 siempre sería un problema. En realidad era una forma de ceder algo y de ganar algo.

Se quedaron cortas. Con la reforma política, la paridad se impuso para todos en la Constitución. Y ayer un grupo de mujeres de todos los colores políticos fue al Congreso local para llamar a los diputados de Nuevo León a ponerse al tiro con su nueva obligación de llegar a mitad mujeres y mitad hombres en las candidaturas. Pero ya.

En medio de tantos temas del momento, tal vez sea este un cambio importante. ¿Cómo va a ser, por ejemplo, el ambiente en el Congreso del Estado, ahí donde fue este grupo de mujeres ayer? La presencia femenina nunca ha pasado de la cuarta parte de los diputados. Con la paridad de candidaturas es posible que pronto se llegue a la mitad de diputadas y diputados.

Siempre he pensado que el avance de las mujeres supone y exige una transformación de los hombres y esta no sería la excepción. Más que preguntarme cómo serían las mujeres en paridad, me intriga cómo deberán cambiar los políticos varones. Para empezar, tendrán muchas menos oportunidades de ser diputados, desde el momento en que las mujeres duplicarán las suyas. La competencia será mayor: menos sillas para igual número de personas.

Pero también las formas de negociar podrían ser distintas. La disciplina férrea que se pretende tengan los diputados hacia los partidos puede debilitarse. Simplemente, la manera como ayer llegó a exigir este grupo de mujeres al Congreso, sin importar demasiado su filiación política, da una idea de cómo pueden ser las cosas. El color partidista no podrá ser lo único fundamental. Tal vez ni siquiera lo fundamental. No me imagino a las diputadas, y menos en la cantidad que se puede prever, siendo tan obedientes a los jefes políticos como lo son los diputados varones. La noción de obediencia partidista (mal llamada disciplina) tendrá que cambiar en mujeres y varones. Me pregunto si la cultura del diálogo dará un pasito. Ya lo veremos.