El PRI y su "terremoto"

Suele ser así: antes de unas elecciones competidas hay un momento de fracturas, guerritas y divisiones internas en los partidos políticos, relacionadas con quién y cómo tomarán las decisiones sobre las candidaturas.

Suele suceder también que se resuelvan a tiempo para estar en forma cuando empiece el proceso electoral. Suele ser así, aunque nada lo garantiza: siempre se pierde algo.

El PRI entró en su propio terremoto a poco más de diez meses de la elección a gobernador. Al PAN ya le había tocado: se le adelantaron las fechas porque coincidían con el proceso de elección de su jefe nacional; estalló con la renuncia de Fernando Elizondo y de los diputados locales Ortiz y Cedillo. El PAN perdió su frágil mayoría en el Congreso y además se le apareció un fantasma, el de Vía Independiente, que le sacó un susto. Los que estaban felices eran los tricolores.

Pasó. Gustavo Madero, después de su reelección, parece tener los hilos necesarios para manejar el PAN aquí sin mayores conflictos hasta tener candidato a gobernador. O candidata.

Hace unos días fue el turno del PRI. Es inevitable leer la sorpresiva incursión del diputado Javier Treviño como una señal de reacomodo interno. La grieta ya estaba, pero no se abría; dividía las aspiraciones locales de las centrales. Estaba claro que, a diferencia de otras elecciones recientes, ahora el partido tenía de nuevo Presidente en Los Pinos. No estaba tan claro el peso que tendrían el partido y las autoridades locales en la decisión.

Treviño hizo público un video con declaraciones que cayeron como una cubeta de agua fría: no causaron daño, pero sí sorpresa. Dijo que Nuevo León requiere acciones urgentes en favor de la seguridad, la educación, la economía y la sociedad.

Sin duda el diputado abrió la grieta, la hizo zanja. Todos los posibles locales, al menos aquellos de los que más se habla, quedaron descalificados con los comentarios de Treviño. Y por si quedaba duda, concluyó que la selección de los candidatos a gobernador para 2015 debía ser por capacidad, más que por popularidad.

Los que están felices ya lo demostraron, son los azules. Y lo que no está claro aún es qué pierde el PRI con todo esto. Y cuánto.

luis.petersen@milenio.com