PAN: ni nuevas ni viejas cúpulas

O se replantea o se hunde para dejar su lugar a nuevos partidos: al PAN nada lo hace eterno, ni siquiera su propia fe; a fin de cuentas es una herramienta y muchos lo han dejado ya. El 16 de agosto habrá elecciones internas por la dirigencia estatal y nacional. Por primera vez, los militantes de Nuevo León elegirán a sus jefes estatales en votación abierta. Sin duda, el resultado será un diagnóstico del propio partido, pues, como comenté hace una semana, los panistas del Estado tienen la oportunidad de tomarse en serio la sacudida de los independientes.

Replantear no significa hacer como que cambia y quedarse igual. Tampoco significa volver al club de antes. El problema es que los dos grupos principales que contienden por la dirigencia en el Estado parecen estar fijos: uno se ancla en el presente, otro en el pasado, aunque los electores los hayan rechazado. Ambos, ahora encabezados por Mauro Guerra y Tere García de Madero, tienen que ser rebasados.

Rebasar el partido del presente. Ha acabado por triunfar la idea de que se es panista para conseguir chamba en los municipios que gobiernan. Ese PAN perdió la posibilidad de aportar al Estado y al país una forma distinta de concebir el bien común. Es un partido de camarillas que trabajan para sí mismas.

Rebasar el partido de antes. No todo pasado fue mejor. Si alguien cree que el PAN resolverá sus problemas si regresa a los tiempos anteriores a 2003 en Nuevo León, se equivoca. No hay que olvidar que cuando la cúpula, ahora vieja cúpula, gobernaba al partido, no fue capaz de incluir en sus dirigencias y sus candidaturas a gente que no perteneciera a su pequeño grupo, generalmente sampetrino y vinculado con los intereses del empresariado.

La llamada nueva cúpula, hoy también cuestionada, les arrebató el control del partido precisamente porque no los dejaban jugar.

Se requiere una visión hacia el futuro, inspirada en los orígenes. Un partido de militantes, plural, profundamente ético, que sólo esté casado con el mejoramiento de la democracia, que mire la realidad y descubra en ella los caminos para producir las mejores condiciones para los mexicanos del siglo XXI. ¿Es posible todavía?

luis.petersen@milenio.com