PAN: el abstencionismo que viene

Durante años, el PAN de Nuevo León ha contado con el voto de un nutrido grupo de ciudadanos con perfil bastante definido: son los antipriistas, clase media, educados en colegios privados y preferentemente católicos, defensores del voto libre y críticos de cualquier autoridad que huela a corrupción o a lo que ellos consideran así. Suelen ser sensibles al desempeño de la autoridad en lo económico y seguidores del liderazgo de los organismos privados.

Votar por el PAN ha sido para ellos un asunto casi religioso. Y no pueden entender que alguien con un comportamiento moral, en función de ciertos los valores de la tradición cristiana, vote por el PRI. Les resultan insoportables las prácticas del acarreo y del voto presionado.

Su apoyo a Josefina Vázquez Mota fue clave para que Nuevo León resultara uno de los tres estados donde la candidata ganó hace casi tres años. Pero frente a 2015, no es difícil adivinar que estos votantes encontrarán problemas serios para votar por su partido.

Todavía tienen en la punta de la lengua las historias de escándalos panistas. Las de Larrazabal unos, las de Madero (ambos), otros. Desde los parquímetros hasta los casinos. Desde los permisos de construcción hasta los cochupos presupuestales.

Añádale que las crisis panistas no son fisuras ni fracturas: son francas rupturas. El PAN de la vieja cúpula resultó un perdedor agresivo y no se quedó callado. Acusó al nuevo PAN de prácticas que al panista le resultaban muy difíciles de digerir: el manejo de los padrones y de las estructuras de votantes, manejo de las nóminas gubernamentales para fines electorales, uso de los presupuestos para financiamiento de campañas. Por eso era un PAN que ganaba, insistieron.

Cuando las encuestas indagan las preferencias entre partidos políticos, PAN y PRI aparecen prácticamente empatados en Nuevo León. Sin embargo, para 2015, el grueso de estos electores panistas-antipriistas no encuentra la salida. Y al menos por el momento, su partido no les da más confianza que el de enfrente. La nueva cúpula está ahora dividida por puestos y candidaturas. No hay motivación y ningún tipo de ardor ciudadano. El fantasma de la abstención se pinta de azul. El PRI, mientras tanto, sólo espera.

luis.petersen@milenio.com