Nadie quiere la corrupción, pero tampoco la transparencia

Nadie quiere la corrupción. A juzgar por los asuntos de debate, por los golpes entre candidatos o por las discusiones familiares y callejeras, el gran tema del momento electoral es la corrupción. En todo el país, no sólo aquí, pero realmente Nuevo León no se queda atrás: casas, terrenos, vuelos, tráfico de influencias y moches son el pan de cada día. Y son el alimento básico de la decepción generalizada hacia la política.

Nadie quiere la corrupción, pero al parecer tampoco la transparencia, única herramienta para combatir aquella. Ayer escribí sobre los candidatos a gobernador de Nuevo León: de los nueve que quedan, sólo tres han presentado sus declaraciones patrimonial, fiscal y de intereses que propone la iniciativa ciudadana #3 de 3.

Y ahora, si le echamos un vistazo a los candidatos a alcalde, el disgusto por la transparencia queda aún más claro. A un mes de la elección, el total de candidatos que han hecho públicas sus tres declaraciones no pasa de cero. Ni uno.

En este punto nos gana el DF: 17 candidatos a jefe delegacional, equivalente a alcalde, ya lo hicieron. Tampoco es la gran, pero comparado con cero...

Y también nos gana Jalisco. De los 28 candidatos a presidente municipal de todo el país que ya están en la plataforma #3 de 3, once son de ese estado. Cuatro son de Michoacán, tres de Morelos, dos de Querétaro.

Está claro que la generalidad de candidatos, tanto independientes como dependientes, no aprecia la transparencia como una forma de blindar la función pública. No dudo que algunos tengan sus personalísimas razones para no suscribirse, pero aquí esas razones no importan. Si es porque tienen mucho y alegan cuestiones de seguridad, justamente el sistema electoral no tiene por alentar que también ejerzan ellos el gobierno. Si es porque hay cola que les pisen, o que les podrán pisar al final de su administración, con mayores razones.

La única forma de combatir la corrupción, de la que tanto nos quejamos, es la transparencia: que los políticos se sometan al escrutinio público para que los bienes de todos no pasen, así como si nada, a ser bienes de algunos. 

luis.petersen@milenio.com