Medina a cuatro años

Cuatro años de gobierno han tenido en Rodrigo Medina un efecto distinto del usual: en lugar de desgaste ha visto un fortalecimiento de su imagen. A estas alturas a nadie se le ocurre preguntar si se va antes de terminar y quién quedará en su lugar. Acuérdese: había quienes esperaban que se cumpliera la mitad del sexenio para que fuera posible un cambio de gobernador sin tener que recurrir a elecciones.

Han sido dos los puntales de la posición creciente de Medina. Uno es la seguridad pública: hace precisamente un año, antes de su tercer informe, Medina me comentó en una entrevista que su mayor satisfacción como gobernador había sido “tomar el toro por los cuernos en el tema de seguridad y crear (y transformar) instituciones para hacerle frente. Ahora sí te puedo decir que tenemos con qué entrarle a la delincuencia del orden común y al crimen organizado”.

Un año después, el homicidio en Nuevo León ha descendido notablemente. La Fuerza Civil, policía-desde-cero presentada como solución estatal al principio de la administración, ha jugado un papel clave en este logro, apoyada de forma coordinada por el Ejército.

No es el caso de otros delitos del fuero común que, en estos meses, han permanecido y obligado a plantear nuevos diagnósticos y soluciones policiacas. Ayer el procurador Adrián de la Garza comentó que estos delitos se han registrado precisamente a raíz de que la delincuencia organizada disminuyó. “Y los policías tienen que volver a ganar este terreno”.

El otro puntal ha sido la inversión extranjera. También hace un año era ya uno de los motivos de satisfacción para Medina. “Hemos avanzado enormemente en el crecimiento económico del estado y en inversión nacional y extranjera”, dijo en aquella entrevista. Y 2013 ha superado los objetivos. Los tres mil millones esperados en inversión extranjera se lograron en agosto.

Hay otros puntos fuertes que han llevado a Medina por un trayecto de menos a más, como el plan de ahorro gubernamental. Sin embargo, debe lidiar también con debilidades en su gobierno. Las promesas de que no habría impunidad ni en el asesinato de Hernán Belden ni en los casos de corrupción en el Instituto de Control Vehicular y en Isssteleón, siguen en eso, en promesas. Por ejemplo.