La Ley de Participación, al limbo

Entrampada en la política, a la Ley de Participación Ciudadana le queda una eternidad en el limbo. En manos de los políticos, las herramientas de plebiscito, referéndum y las que se pudieran acumular, van a pasar a ser ley sólo el día en que ya hayan pasado de moda.

Supongo que está a punto de suceder tal cosa, que pasen de moda, porque ya hace una década que la primera iniciativa al respecto vio la luz en Nuevo León. Han desfilado partidos distintos en las mayorías del Congreso y el tema en cuestión se hizo viejo como una minifalda de los años sesenta. Y pequeño.

Para los políticos es un asunto de ver quién se queda con la imagen de haber perdido. Es un juego: a la iniciativa la peinan, la rasuran, la visten, la maquillan. Ninguna fuerza política ha dado muestras de considerar que realmente le importa convertirla en ley. Ni en sus cuentas electorales parece representar una cifra significativa.

Curioso: en otros estados, bajo gobiernos y mayorías legislativas tanto del PRI como del PAN, estas reformas ya han pasado. Y hay que decir que el efecto en la vida diaria ha sido francamente menor. La pregunta es por qué aquí les ha costado tanto trabajo llevarlas adelante.

Dos hipótesis: una, porque quieren hacer algo diferente, que lleve al crecimiento real de la participación, que sí pueda tener efectos sobre la vida y el equilibrio del poder. Sólo que no han tenido la claridad acerca de cómo hacerlo.

Otra, porque en realidad no quieren. Piensan que aquí sí tendría muchos efectos, pero no muy deseados. La Ley de Participación Ciudadana ha sido impulsada por los organismos empresariales, más que por organizaciones no gubernamentales de otro estilo. Y habría una buena dosis de miedo, o precaución, ante lo que la IP pueda promover y financiar contando con esa ley. En tal hipótesis, no sólo el PRI estaría cuidándose: muchos diputados panistas se acuerdan muy bien que hace un año recibieron presiones fuertes de la IP por el Impuesto Sobre la Nómina. Les cuesta trabajo compartir el poder con los ciudadanos. Más, si éstos están alrededor de un proyecto político del empresariado.