Lecturas de 2013: Camus

Otros aniversarios, como la muerte de JF Kennedy, opacaron a éste, al menos aquí. Pero los cien años del nacimiento del novelista-filósofo Albert Camus (1913-1960) dieron lugar en muchas partes a recuerdos, publicaciones, nuevas interpretaciones y críticas. Para mí fue la ocasión de releer una de sus novelas más conocidas, El extranjero, y disfrutarla de una manera distinta.

A fin de cuentas, aunque fue escrita en plena Guerra Mundial y sin duda expresa el estado de ánimo de la época, hoy es más claro que nunca que, en El extranjero, Camus trata, mucho más allá de su momento, el tema de nuestra forma de estar en el mundo actual. El conjunto de problemas planteados es parte de nuestras preguntas hoy.

“Hoy, mamá ha muerto. O quizás ayer, no lo sé. Recibí un telegrama del asilo: ‘Madre fallecida. Entierro mañana. Condolencias’. Eso no quiere decir nada. Tal vez fue ayer”. Son los primeros renglones de la novela. Meursault va al funeral de su madre. Su actitud no es la esperada, ni ahí ni después, ni con la mujer con la que acepta casarse, ni con su jefe que le propone abrir una oficina en París. Parece sólo aceptar lo que va sucediendo. Parece no tener ningún resorte. Como sí dijera: así es, así está bien.

Sin ningún atisbo de mala voluntad, se ve envuelto en un crimen que lo lleva a la cárcel, a juicio y finalmente a la condena de muerte. Él se mantiene, sin promesas de futuro, sin explicaciones del más allá, privilegiando el presente. Se siente extranjero, aunque no recuerdo haber leído esta palabra más allá del título.

“En un universo privado repentinamente de ilusiones y de luces, el hombre se siente un extranjero”, dice Camus en otra obra. “Es un exilio inapelable, pues está privado de los recuerdos de una patria perdida o de la esperanza de una tierra prometida”. Ése era el mundo que Camus veía y que vivimos ahora cada vez con mayor claridad.

En El extranjero, Camus pinta ese desajuste propio la condición humana. Ante la caída de las creencias dominantes, ante ese exilio en la Tierra en el que todos estamos sin remedio, se pregunta si tiene sentido seguir viviendo. Meursault da una respuesta: sí, si logras conquistar una indiferencia vital, esta especie de desapego consciente. Lo demás no importa.