Juzgarlos por lo que hacen, no por lo que dicen

Entre las respuestas que he recibido sobre mi convocatoria: ¿Cómo evaluar a un político?, hay un primer grupo que se centra en lo básico, en la diferencia entre el decir y el hacer. En palabras de Coral Aguirre: “Júzgalos por lo que hacen, no por lo que dicen”.

Yo también lo creo: todos estos comentarios señalan una de nuestras mayores ingenuidades al ejercer la crítica ciudadana: nos enfocarnos en las palabras. Qué bien habla, decimos. Generalmente, los políticos hablan bonito y dicen aquello que nos gustaría escuchar. Lo hacen además con una mezcla de seguridad y calidez, de fuerza y cercanía, que los legitima para prometer mundos ilusorios y para defender resultados a medias.

Tampoco hay que juzgarlos por sus gestos, continúa Coral Aguirre: “Baños de pueblo, visitas a comunidades pobres, repartos de último momento (lonches, juguetes, cuadernos, etc.), esas son acciones sin programación ética y política de fondo… el hacer para la comunidad implica planes precisos y comunicados con razones de peso”.

No es lo más fácil, es cierto. Es más cómodo juzgar por los discursos, los buenos deseos, los cortes de listón y las subidas al presidium. Evaluar a los políticos por lo que hacen supone interesarse, estar atentos, no perder la memoria (a mí siempre me dijeron que se nos olvida lo que no nos importa). Supone saber lo que hacen los políticos (al menos los que queremos evaluar), ver si se trata de la acción adecuada, cómo la llevan a cabo y con qué recursos, cómo la informan y cómo razonan su necesidad de cara a los ciudadanos.

Hay una buena razón por la que vale la pena pasar del decir al hacer de los políticos. No nos va bien si los evaluamos sólo por lo que dicen. Pero eso no quiere decir que las palabras de los políticos no sirvan para nada: si las escuchamos a partir de lo que ellos hacen, nos ayudarán seguramente a comprender y calibrar sus acciones.

Muchas preguntas y respuestas quedan pendientes sobre cómo evaluar las acciones puntuales de los políticos. Las iré publicando aquí mismo. Y se reciben todavía, por supuesto.

luis.petersen@milenio.com