Jóvenes, olvidados de la política

Los jóvenes son los protagonistas más importantes de la decepción democrática. A toda la sociedad le incumbe, ciertamente; pero son los políticos y los partidos quienes más interesados deberían estar en este fenómeno: con los jóvenes no han podido.

Una mirada a la participación de los jóvenes es suficiente. MILENIO publicó un botón de muestra: según los datos de la Comisión Electoral, en 2012 el porcentaje de abstención entre los ciudadanos de 18 a 24 años y de 25 a 34 es mucho mayor que entre los que sobrepasan esa edad. Esto sucede en todos los municipios de la zona metropolitana de Monterrey. En varios casos la abstención juvenil ronda el 50 por ciento. En Juárez, Escobedo y García es mayor; en San Pedro y San Nicolás es menor.

Es impresionante si se les compara con los mayores de esa edad donde la abstención rara vez pasó del 40 por ciento en la misma elección. Entiendo que no es ningún trofeo: el desinterés electoral es grande en toda la población. Entre los jóvenes más acentuado y más grave.

También llama la atención que el abstencionismo es mayor entre los varones que entre las mujeres. Un caso extremo es el municipio de García. Mientras los hombres de 18 a 24 años presentaron un 60 por ciento de abstención, las mujeres de esa edad que no votaron llegaron a 52 por ciento. 

No es la gran novedad. Lo único nuevo cada día es que nadie se interese por resolver esta ausencia. Los jóvenes son los grandes desconocidos para los partidos, para sus mercadólogos y para sus candidatos, aunque buena parte de éstos últimos puedan ser considerados jóvenes. La política, así como está, no les inspira. No creen en la participación. No creen en los partidos. No creen en las estrategias electorales. No creen en los resultados de gobierno. No creen en la mejoría. No creen en las transformaciones. No creen en las promesas.

Y en todos los casos, lo sabemos, el mayor porcentaje del padrón lo tienen los jóvenes. ¿Alguien, ya sea naranja, verde, amarillo, rojo, azul o independiente, volteará seriamente a verlos? ¿O piensan que, así nomás, cambiarán cuando crezcan?

luis.petersen@milenio.com