Ideas para la ciudad no faltan

Sí, para que haya avance en nuestra ciudad los gobiernos deben ponerse de acuerdo y dejar la política sólo para cuando ya se haya hecho la tarea. Ayer lo comentamos aquí, es inaceptable que, además de gobernar la metrópoli en breves episodios (tres años que se hacen dos), los alcaldes gobiernen también por pedacitos: uno de la raya para allá, el otro de la raya para acá, cada cual con su visión de las cosas.

Las zonas metropolitanas del país se tienen que regir ya con otras reglas. Pero mientras esta reforma llega, es importante que los alcaldes actúen como si realmente estuviera en sus manos sólo una parte de una única gran ciudad.

Y tienen de dónde aprender. Con la cooperación de Francia, el centro Mario Molina y el Instituto Mexicano para la Competitividad plantearon hace unos meses una visión de reforma urbana: 100 ideas para las ciudades de México. Se trata de pasar de la ciudad en 3D (distante, dispersa, desconectada) a la ciudad conectada.

Las primeras catorce ideas están agrupadas en torno a la planeación del territorio e incluyen crear instancias en que participen los tres órdenes de gobierno, obligar a la rendición de cuentas en la gestión del territorio, condicionar la entrega de transferencias federales al buen desempeño de estados y municipios, y diferenciar los municipio metropolitanos de los urbanos y rurales.

Las siguientes diez ideas giran en torno al fortalecimiento de lo metropolitano, como supeditar los programas de desarrollo urbano municipal a los planes metropolitanos y programas estatales de desarrollo urbano, establecer incentivos y sanciones a la coordinación metropolitana, involucrar a los ciudadanos en la planeación y crear la figura del administrador de la ciudad.

Los demás capítulos incluyen fomentar usos mixtos de suelo, densificar, impulsar sistemas integrados de transporte urbano, cambiar el sistema de concesiones del transporte público, darle prioridad al peatón, fomentar la bicicleta, hacer de la seguridad vial una política de país, estimar las necesidades reales de vivienda en cada ciudad, financiar el desarrollo urbano y no sólo la vivienda, pasar de políticas de vivienda a políticas de barrio…

Y muchas otras ideas que pueden servir, desde ya, de marco para iniciar la colaboración hacia una ciudad mejor. Pero, claro, hay que quererlo.