"Guerra sucia" o juego duro

Mientras no sea difamación, que viva la crítica. Entre las cosas que veremos en el año electoral está eso que, sin duda con exageración, se ha dado en llamar guerra sucia.

El término guerra sucia se refiere a las campañas negativas contra los candidatos, alusiones a su vida privada o evaluaciones de su pasado político, que se multiplican en la medida en que se multiplican los aspirantes.

La veremos pronto y, en una de esas, con mucha más fuerza de lo que imaginamos. Así se ve venir la competencia en el estado para 2015.

Insisto en que llamarle guerra sucia es exagerado. Por lo pronto, es imposible encontrar una guerra limpia. En todo caso se le podría llamar campaña sucia, como se habla de juego sucio en el ámbito deportivo. O de juego duro. Pero sobre todo hay que entender que no es guerra; es crítica, más o menos ruda, más o menos ácida, pero al fin crítica.

Si le ponemos el nombre de guerra a la crítica, ¿no estamos diciendo que la crítica nos parece guerra y que sólo habrá paz cuando no exista la crítica?

Calumniar a las personas no se vale. Pero esto es otra cosa. La crítica es necesaria: mejora las decisiones sociales y evita desastres. De hecho, los peores desastres sociales suelen comenzar suprimiendo la crítica.

Hace unas semanas la Suprema Corte de Justicia de la Nación defendió la crítica: echó abajo una fracción del artículo 42 de la Constitución de Nuevo León que ordenaba no sólo abstenerse de calumniar a las personas, sino también abstenerse de todo tipo de expresiones que pudieran denigrar a las instituciones públicas o privadas o a los partidos políticos.

La Corte argumentó que la libertad de expresión tiene una dimensión social y que hay un derecho colectivo a recibir cualquier información y a conocer la expresión del pensamiento ajeno.

Que la crítica tiene que ser civilizada, de eso no hay duda. Y es cierto que en eso se nota la calidad de los políticos y sus partidos. Pero ya se verá en el voto. Por lo pronto, la crítica no puede ser prohibida como si fuera guerra y, para acabarla, sucia. Un juego duro, en mi opinión, ayuda.

luis.petersen@milenio.com