"Fracking": el reto

El tema es el agua y el reto es hacer las cosas bien. El petróleo y el gas no convencionales, que se extraen con esa especie de palabra mágica de moda, el fracking, abren la puerta para que México resuelva su futuro energético e impulse su desarrollo económico. Y para Nuevo León es una oportunidad de crecimiento en inversión y empleo que no habíamos imaginado. Es la nueva fiebre del oro, pero algo de cierto tiene.

Hay que tomarlo en serio. México ocupa el sexto lugar mundial en reservas de este gas y el séptimo en este petróleo de lutitas, y junto con Tamaulipas, Coahuila, Chihuahua y Veracruz, nuestro estado guarda las más importantes.

Lo que faltaba, hasta hace relativamente poco, era la técnica de extracción. Y aunque el fracking ha sido objeto de serios cuestionamientos, está claro que cualquier método de extracción supone un daño al medio ambiente y un riesgo de que este daño sea irreversible. Los mexicanos lo sabemos bien.

El tema del fracking es el agua. La fracturación se hace con agua, y se requiere mucha. Se habla de entre 9 y 29 millones de litros para un pozo. Además, el agua se inyecta a una profundidad tal que la vuelve irrecuperable. Y hay que añadirle químicos que resultan contaminantes.

¿De dónde va a salir esa cantidad de agua? No tiene que ser agua potable ni nada parecido, pero es agua al fin y habrá que sacarla o llevarla de alguna parte.

Por eso en muchos países la polémica se ha avivado. Francia la prohibió, Polonia la aceptó. España la aceptó a nivel país pero sus provincias no la quieren: en realidad no tienen tanto qué ganar como para generar un malestar social.

Ayer el gobernador Medina anunció aquí una comisión que reunirá las dudas y las resolverá. Ojalá, porque el punto es hacer las cosas bien. Hoy por hoy no se sabe de dónde saldrá el agua. Han insistido que no será de Monterrey VI. Pero, ¿de dónde sí?

Las mejores prácticas deben tenerse claras y exigirse, para aprovechar los recursos y no comprometer el futuro. El agua importa, y en Nuevo León existe la experiencia industrial suficiente como para no regarla.

luis.petersen@milenio.com