¿'Fotomultas' regias?

Moderar la velocidad ha sido para las autoridades un verdadero problema en todo el país. Y muy particularmente en nuestra ciudad: nos gusta correr, nos sentimos mejor cuando andamos de prisa, asumimos que el más rápido lleva preferencia y exigimos al más lento que se haga a un lado ante nuestro paso veloz, echándole las luces o acercándonos de más. Y nos andamos literalmente matando por nuestras pobres avenidas que nos gustaría que fueran de alta velocidad pero no lo son.

Varios alcaldes y ex alcaldes me han comentado la dificultad para enfrentar el problema. Por un lado, una medida de control así nunca ha sido bien aceptada por la población de estas tierras: la impopularidad llega a tal grado que si nos detienen por exceso de velocidad, con la mano en la cintura aseguramos que lo que busca el poli corrupto es allegarse una lanita (el discurso anticorrupción tiene también su parte defensiva y un tanto perversa, hay que reconocerlo).

Por otro lado, las autoridades han preferido no jugársela. Para imponer una medida impopular se requiere una dosis de valor. Además, es necesario pensar muy bien cómo se va a explicar y, en los lugares donde esto depende de los municipios, hay que asegurar el acuerdo con los alcaldes vecinos: uno solo la tiene difícil.

Los números asustan. Hace unos días, el alcalde de Guadalupe, Francisco Cienfuegos, hizo públicas cifras que, aunque conocidas, son alarmantes. Hay más muertos por accidentes de tránsito que por armas. Y dentro de los primeros, el exceso de velocidad juega un papel clave.

En el DF están estrenando una tecnología de cámaras que detectan la velocidad, identifican las matrículas de los vehículos y toman una foto. En Guadalajara y alrededores llevan cerca de cinco años con un sistema similar, con una baja importante en el número de muertos por accidentes y sin que los automovilistas hayan presentado ninguna queja ante la medida. En Puebla y en Pachuca ya existe también la fotomulta. Al menos ya desapareció la idea de que el agente quiere mordida.

Aprovechando que no tienen un jefe político en el Gobierno Estatal, nuestros actuales alcaldes han avanzado mucho en acuerdos. Ojalá éste sea uno de ellos: son muchas vidas, entre las que se pierden y las que se destrozan.


luis.petersen@milenio.com