Examen oral y escrito

Ayer la Comisión electoral hizo públicos los tiempos previstos para el debate del próximo domingo.  Los diez candidatos harán una presentación; luego empiezan dos etapas de debate, cada una con exposición (tres minutos), réplica (un minuto) y, si le replican, contrarréplica (un minuto).

Se antoja un ejercicio largo y difícil de seguir, pensando en un espectador no especializado, un votante común. Pero parece irremediable.

Y lo que sigue después de las dos rondas anteriores es una parte escrita. Cada uno de los diez tendrá que redactar una especie de ensayo en el que, con su puño y letra describirá sus planes para los primeros cien días de gobierno. Seis minutos, bajo las cámaras.

Francamente me da curiosidad comparar la caligrafía, la ortografía y la sintaxis de los diez aspirantes. Sobre todo la primera: me pregunto si hay alguno que aprendió el clásico método Palmer (habrá que buscarlo entre los más viejos) o cuántos aprendieron a escribir en letra de molde. En una de ésas, hasta descubriremos la vocación médica de alguno de ellos por su pésima letra; o peor: alguno que haya escrito su última composición a los diez años y la llamó “Mis vacaciones”.

El contenido de este ensayo en seis minutos es más interesante. La pregunta por los cien días los centra en la diferencia entre y lo importante y lo urgente. Veremos qué responden.

Para los candidatos los debates son una oportunidad de darse a conocer y de mostrar su mejor cara. Para los ciudadanos, una oportunidad de saber quién le parece mejor cuando pone su mejor cara y cuando la logra mantener ante circunstancias de alguna manera adversas.

Difícilmente se puede pensar en algo mejor si son diez candidatos. Ni siquiera reduciéndolos a cuatro: no hay argumento posible quitar a uno y dejar a otro.

Así son los debates y otras herramientas que la democracia electoral se ha venido allegando. Herramientas imperfectas como la democracia misma, pero que son, al final, lo que se puede tener. Ganar un debate no significa que será el mejor gobernante, de la misma manera que sacar buenas calificaciones en la escuela no quiere decir que el estudiante será el mejor profesionista. Pero todos preferimos, de entrada, al que estudió más…

luis.petersen@milenio.com