Espejismos electorales

Hay grandes espejismos en el tema electoral, entre ellos las célebres estructuras de votos y los altos costos de las campañas. Parecen algo que no son y nunca sabemos lo que son en realidad. Como las alucinaciones en el desierto.

Estos espejismos aparecen por la falta de transparencia en casi todo lo que tiene que ver con las elecciones y sus instituciones. Permanecen en lo oscurito siempre los gastos de campaña, el uso de los recursos públicos de los partidos, los procesos internos, los criterios de contratación en las nóminas gubernamentales y lo que se les ocurra a ustedes. Y la penumbra siempre ha generado alucinaciones.

Veamos las estructuras. Siendo algo de lo que nadie puede enorgullecerse, al menos públicamente, y que es necesario mantener en la sombra, es imposible que exista un control real por parte de sus organizadores. En realidad nadie sabe lo que puede lograr el día de la elección ni el verdadero destino de los recursos, que se suelen quedar el inevitable intermediarismo. Los votos tienen el mismo riesgo. Y los adversarios políticos tienden, por diversas razones, a exagerar la importancia de las estructuras del partido que tienen enfrente: no saben cuántos votos podrían ellos lograr por este camino. Y qué tal si el otro lo logra.

Mucho se ha comentado que las elecciones próximas serán elecciones de estructuras. Que las decepciones ya conocidas llevarán a los ciudadanos a no votar, y que el voto inducido, acarreado, agradecido o comprado, se llevará una parte fundamental. Pero eso nadie lo sabe. Es un espejismo.

El otro es el asunto de los costos de una campaña. Se oye hablar de cantidades estratosféricas si quieres ser gobernador y de otras más atmosféricas, pero de cualquier manera enormes, si pretendes una alcaldía o un distrito. Se dice, también, que es imposible lograr tanto porque no se puede ejercer el control administrativo mínimo sobre gente no convencida, que sólo cree que a buen árbol se arrima. 

Algunos conocedores dicen que la verdadera razón del costo de las campañas es que los candidatos se quedan con gran parte. O que lo despilfarran… los topes legales de gasto no han sido auditados: quién sabe si haya agua en la próxima milla. O es un espejismo.

luis.petersen@milenio.com