Entusiasmo energético y lo que falta por hacer

Para el noreste del país, y particularmente Nuevo León, se avecina una transformación importante, que puede ser muy positiva o no tanto, dependiendo de cómo la enfrentemos: una auténtica fiebre del oro, en realidad del petróleo y del gas, que ya nos invade.

Varias circunstancias convergen ahora en Nuevo León: la reforma energética, la cuenca de Burgos, la experiencia de varias compañías en el sector petrolero, el espíritu empresarial, la capacidad de acoger industria y la atención del Gobierno al desarrollo del tema, sobre todo a lo que se refiere a la inversión extranjera. Juntas, pueden convertir al estado en una auténtica turbina.

Faltan todavía las leyes reglamentarias de la reforma energética, pero el paso constitucional está dado y al menos Nuevo León ya tiene la mirada puesta en lo que viene. Y el mundo tiene a Nuevo León en la mira.

La actividad se ve ya: empresas de todas partes se asoman al estado a ver cómo está la cosa, hay momentos en los que ser el primero importa. Las universidades locales ya se mueven para echar a andar sus programas en energía, petróleo, desarrollo de infraestructura, derecho y consultoría especializados y cuanto etcétera podamos imaginar.

Los expertos hablan ya de entusiasmo de al menos diez países por preparar inversiones en Nuevo León. Y prevén para Monterrey, y todo el estado, un surgimiento económico de dimensiones extraordinarias. Todo esto si… las leyes reglamentarias vienen como se espera.

Pero también es cierto que, si es así, hay que empezar a prevenir cambios de fondo, mucho más allá de la inversión y el crecimiento de la economía. Cambios demográficos, migración, demanda de educación, vivienda y servicios, una explotación distinta del medio ambiente. Es momento de echar a andar la imaginación no sólo en el ámbito de los negocios y de la educación. También hay que hacerse preguntas sobre las ciudades, sobre todo la zona metropolitana que concentra la población, las oportunidades y los servicios: qué tipo de crecimiento se espera y qué vida urbana será posible llevar con lo que se tiene.

El ritmo urbano no ha sido paralelo al del desarrollo económico. Mucho menos con lo que se espera. Vamos tarde. Muy tarde.

luis.petersen@milenio.com