El punto es qué va a hacer el que gane

En Tamaulipas, el tema no es tanto quién ganará en las elecciones del próximo domingo. El punto es qué va a hacer el que gane.

Si en otras partes del país se ha podido hacer algo para restaurar un mínimo de seguridad y Estado de derecho, en Tamaulipas no: ha sido un fracaso rotundo. Ya pasaron cuatro años desde que el Gobierno Federal empezó una estrategia especial encabezada por el secretario de Gobernación, con el Ejército, la Marina, la PGR, la Policía Federal y el Gobierno Estatal.

La inseguridad no ha cedido desde entonces: Ciudad Victoria, como registró MILENIO ayer, es el municipio del país donde se han denunciado más secuestros en estos cuatro años: 202 casos, según Sistema Nacional de Seguridad Pública. El domingo pasado, justo a una semana de las elecciones, se llevó a cabo el último, el del jugador Alan Pulido.

Y en la edición de hoy, la coordinadora nacional antisecuestro dio a conocer que Tamaulipas fue el primero en secuestros en 2015. Y en 2016, hasta ahora sólo lo ha superado Edomex.

Además, el estado tiene el deshonroso récord de desaparecidos del país, particularmente en tres municipios. Los candidatos, claro, le echan la pelota a los del partido de enfrente, pero ninguno ha sabido decir qué hará para disminuir estas cifras que se cuentan por centenas pero que se viven en dramáticas unidades, acompañadas cada cual de un dolor indescriptible.

Al acercarse el 4 de junio, en Tamaulipas las cosas parecen tomar un cariz preocupante para todos. Ya he comentado aquí que si hace seis años el juego electoral incluyó el asesinato de uno de los candidatos, ahora es el proceso mismo el que parece estar muerto. Nadie ve qué se pueda hacer.

Después de cuatro años de Gobierno Federal sin resultados, esto va más allá del domingo próximo: lo que decida hacer el nuevo gobernador no tiene relevancia si no hay un cambio en aquella estrategia federal, que garantice resultados. El proceso de Tamaulipas está muerto.

luis.petersen@milenio.com