Ecovía, la aceptación en juego

Sí. Es el proyecto urbano más importante. Significa una forma distinta de movilidad. Pero con la inauguración de Ecovía comienza otra etapa clave para su éxito: su aceptación por parte de los usuarios. Eso depende en buena medida de los propios usuarios pero, sobre todo, de la adecuada gestión del proyecto y de la comunicación correcta por parte de la autoridad. Eso dicen los expertos.

Me explico. La Ecovía, con sus treinta kilómetros de lado a lado de la ciudad, requiere ahora nada menos que la reestructuración completa de las rutas de transporte en el área metropolitana. Trabajadores, escolares, padres y madres de familia deberán abrir bien los ojos para ver cómo será su nuevo trayecto y desde cuándo. La autoridad ha dicho ya que la puesta en marcha de Ecovía será paulatina, precisamente porque irán cambiando poco a poco las rutas alimentadoras. Es decir, cada vez más personas irán requiriendo de la Ecovía en sus traslados. Es un proceso delicado, que puede desembocar en una caótica desorientación generalizada, o en una transición ordenada. Eso depende de la gestión.

Si los usuarios no conocen a tiempo los cambios y las nuevas rutas alimentadoras, sufrirán sin duda. Peor si no lo toman con un poco de optimismo, paciencia y buen humor. Y eso depende, en buena medida, de la comunicación.

De la parte de los usuarios, faltarán los nuevos hábitos. Para empezar, Ecovía no para en cada esquina, ni a media cuadra, ni en el carril que sea. Aunque se trate de una chica guapa. Ecovía se detiene en sus estaciones y, por más acondicionadas que estén, esto va a generar la molestia de ir contra la costumbre. Además, nadie se podrá subir a los autobuses de Ecovía si paga con efectivo: de una buena vez, los usuarios tendrán que optar por el prepago para sus transportes.

Leí algunos comentarios críticos en redes sociales. Muchos de ellos los descarto porque provienen de automovilistas que no pueden dar vuelta a la izquierda. Otros también porque no tienen argumento. Pero hay otros como el que sigue: “Luz Cristina. El camión 217 pasaba a cuatro cuadras de la casa. Ahora pasa hasta la colonia que sigue. Claro, dirán, camina, pero si traes niños pequeños, bultos, o ancianitos… ¿Mande con eso???”.

Es la necesaria gestión. Y la comunicación.

luis.petersen@milenio.com