Detrás del hartazgo

Se ha generalizado un enojo social. Como si fuera una ola, o una moda, ahora está mal visto no tener una postura negativa respecto de los políticos y sus partidos. Hacía años que no se daba algo así. Ahora domina, y más con el efecto multiplicador de las redes sociales.

Aunque algunos capitalizan el descontento, se puede suponer que los partidos y los políticos estarán preocupados. Pero también debe preocuparles a los ciudadanos. Claro que existe el clima adecuado para esta moda: la corrupción, el influyentismo, el gobierno centrado en los intereses del gobernante han llegado realmente a lastimar. Sólo que también llama la atención que este hartazgo, potenciado al máximo por las redes, compromete al mínimo a los ciudadanos.

Si le ponemos una lupa para mirarlo más de cerca, veremos que el hartazgo en boga expresa ciertamente una impotencia, una indignación y una falta de soluciones ante el abuso de las herramientas de poder, que deberían servir para mejorar a la comunidad y resulta que acaban sirviendo a los intereses de los partidos y los grupos que los conforman.

Y veremos que esto ha sido tan repetido, tan indiscreto, tan generalizado a todos niveles y colores partidistas, que ha logrado subir el tono de la conversación pública hasta llegar a la furia y a veces al insulto. La furia es comprensible, pero hay que preguntarse si se traducirá en acciones que empiecen a transformar esto que decimos que no nos gusta.

Porque, si seguimos con nuestra lupa, veremos que este hartazgo también esconde algo de nosotros mismos como sociedad. Las redes sociales tienen mucho de anonimato y funcionan como desahogo, pero ahí queda la cosa. Más allá de esto, cabe preguntarnos si de veras estamos tan hartos como para buscar un cambio, o sólo necesitamos un poco de berrinche mientras esperamos que, en este mismo sistema, la fortuna salpique en nuestra parcela.

Ojalá que no sea así. Ojalá que detrás de esto haya una clara convicción de que las cosas tienen que cambiar porque así no llegaremos a ninguna parte. Y que más que gritos y sombrerazos anónimos por redes sociales, lleguen acciones y votos.

luis.petersen@milenio.com