Declarados "cachirules"

Se le fue la mano: la Comisión Estatal Electoral interpretó la ley con manga muy ancha. Ayer el Tribunal Estatal le corrigió la plana y rechazó a los dobleteadores, candidatos que se registraron para dos puestos en la misma elección.

Ninguno de ellos iba a ganar los dos puestos, seamos claros; pero la posibilidad teórica existe y no es democrático descartar de antemano. En realidad se trata de candidatos de partidos pequeños que necesitan, o eso creen, recurrir a lecturas extremas de la ley para sobrevivir.

Con el dobleteo, los partidos completaban su número de candidatos y estiraban el dinero de la campaña. Además, aprovechaban a su gente conocida, con liderazgo, compromiso partidario y capacidad de arrastre, para mantenerse a flote: la ley les pide tres por ciento de la votación nacional de distritos, cruzada sobre su logotipo, para seguir existiendo. En el caso de los partidos locales, tres por ciento de la votación estatal.

El artículo 11 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales prohíbe el dobleteo. “A ninguna persona podrá registrársele como candidato a distintos cargos de elección popular en el mismo proceso electoral”. Ni siquiera para un cargo federal y uno local: “En este supuesto, si el registro para el cargo de la elección federal ya estuviere hecho, se procederá a la cancelación automática del registro respectivo”.

Esta es la ley que la CEE leyó de manera amplia. En opinión de los consejeros electorales, se podía aceptar el dobleteo con el fin de proteger el derecho constitucional a ser votado. Prefiero pensar que ellos toman tales decisiones para forzar a los tribunales a dar línea sobre la aplicación de una ley nueva e incompleta. Y no hay que olvidar que también la Comisión es nueva.

Retar a los tribunales no sería una mala estrategia si no fuera, claro, porque ya empezaron las campañas y precisamente los partidos más débiles, que se buscaba proteger, tendrán que comenzar de nuevo: 21 candidatos (la mitad más uno del PT) deben renunciar a una de sus aspiraciones y buscar quién los sustituya en ella. A menos, claro, que decidan recurrir a la siguiente instancia, el Trife. Eso lo sabremos hoy.

luis.petersen@milenio.com