Curiosidad

Estoy cada vez más convencido de que el arte de la educación consiste en enseñar lo que uno no sabe. Alguna vez que lo he platicado me han dicho que estoy loco.

No voy a defender mi cordura, nada más eso faltaba. Pero quienes opinan diferente a este planteamiento suelen creer que es el maestro quien vierte conocimientos sobre el educando. El maestro habla y el alumno aprende oyendo. Y claro, si es así, nada valioso habrá en el entendimiento que no haya pasado por la voz magisterial. Si el maestro no sabe, el alumno menos. Imposible enseñar lo que no se sabe.

Pero qué tal si pensamos en lo obvio: que el proceso de conocimiento en un alumno es el proceso normal de todo conocimiento.

Que comienza con preguntas, producto de una curiosidad auto-recargable que crece en la medida que se usa y se encuentra con preguntas de otros.

Que sigue con una respuesta inicial, intento que no tiene por qué estar bien de entrada, sino que es producto de lo que se sabe, lo que se ha visto, lo que se cree saber, de lo que se imagina. Que es meramente anticipatoria.

Y que entonces da lugar a un proceso de búsqueda de información, de diálogo, de enriquecimiento y de crítica que pueden o no venir del maestro; también del libro, la red, el material educativo y el diálogo.

Vistas así las cosas, claro que el buen maestro puede (y debe) enseñar lo que no sabe. Enseñar a pensar a un alumno es enseñarlo a andar sus propios caminos de conocimiento, emprender sus aventuras. Y dejar atrás a sus mayores. Todos aquellos que han superado al maestro es porque tuvieron excelente maestro, que les enseñó a aprender.

Uno de los más comunes y más trágicos defectos de nuestra escuela es la castración de la curiosidad. Ésta se pierde cuando el alumno también se pierde en el bosque de las matemáticas o de la filosofía... Cuando el ambiente escolar lo convence de que no es bueno para eso.

¿Hay salida? A mí me ha tocado ver que la pérdida de la curiosidad en algún ámbito del conocimiento es curable, nada menos que jugando. Un buen juego despierta las posibilidades adormecidas y libera de las malas experiencias. Te da otra oportunidad.

luis.petersen@milenio.com