Cuentas públicas, amistades cortas

Cuando en un matrimonio se empiezan a discutir las cuentas, cuidado. El actual matrimonio mayoritario en el Congreso de Nuevo León comienza a hablar de cuentas públicas: PRI y PAN terminan su luna de miel y se enfrentan a la realidad.

Los panistas piden que el Congreso convoque a periodo extraordinario para que se voten las cuentas públicas del Gobierno del Estado y del ayuntamiento de Monterrey, correspondientes a 2013 y 2014. Y adelantan que ellos, en todo caso, rechazarían tales cuentas, aunque una de ellas se refiera a la administración de Margarita Arellanes. ¿Qué busca el PAN? Que sea el PRI quien se lleve el descrédito público de decir “no quiero”.

El proceso es largo y tortuoso, miren: las cuentas públicas llegan al Congreso por la Oficialía de Partes. Ésta la turna a la Auditoría (que por fin ya tiene titular). El auditor entrega el informe de sus resultados a la Comisión de Hacienda correspondiente (estatal o municipal). La Comisión revisa: viendo los resultados, elabora y vota un dictamen en favor o en contra y pide, en su caso, sanciones. Finalmente, la Comisión lo somete al Pleno, quien vota en favor o en contra del dictamen.

Decir que las cuentas públicas en cuestión no están dictaminadas significa que tiene que pasar una gran parte del camino anterior. Está hecha la auditoría (no aún por el actual auditor titular), pero los resultados todavía tendrían que pasar a Comisiones. Y, para empezar, la Comisión de Hacienda del estado está no sólo presidida por el PRI, sino que tiene mayoría priista…

Ahora le toca al PRI decidir en qué momento rechazará la propuesta panista con más discreción y más razones. Puede, por ejemplo, decir no al periodo extraordinario y patear el bote hasta el otoño: ¿cómo convocar si ni siquiera está dictaminado el asunto? Es un argumento que el PAN ya utilizó en la Legislatura LXIX, cuando estaba en el gobierno.

¿Y la revisión de cuentas? Ésa… bien, gracias. ¿Alguien esperaba otra cosa?

luis.petersen@milenio.com