Conflicto de intereses y Superman

Formar un nuevo gobierno es cosa complicada. Por supuesto, uno de los temas que afloran de entrada es el conflicto de intereses.

El caso de Roberto Russildi, secretario de Desarrollo Sustentable, ha hecho ruido y ha generado variadas y broncas respuestas: que si es o no socio del gobernador (o copropietario), que si forma parte de la alta directiva de una constructora, que si, a fin de cuentas, su juicio se puede ver afectado en las decisiones que tome, por razón de los intereses vinculados a su circunstancia...

Aceptar la existencia de los conflictos de interés es un reconocimiento simple y llano de que el juicio de un individuo puede verse afectado por las situaciones de las que forma parte. Es la aceptación de la condición humana. De que no se es Superman.

Estar en medio de un conflicto de interés no es ni pecaminoso ni inmoral. Lo que sí resulta sospechoso es ponerse en medio de un conflicto de interés. Eso es precisamente presentarse como Superman: el que, con todas las tentaciones enfrente, las resistirá. El que hará juicios fríos en la más caliente de las situaciones. El que será equitativo y justo siempre en las licitaciones y en el manejo de información. El que a pesar de todo no se equivocará al comparar las capacidades de personas y organizaciones. Ajá.

Atención niños, este traje no vuela. Tal vez por eso sea que el conflicto de interés ha llamado la atención de las instituciones que desean mantener su imagen sin la mancha de la corrupción. La ONU, por ejemplo, mediante su oficina de ética, plantea que un conflicto de interés "es una situación en que los intereses privados de una persona —como relaciones profesionales externas o activos financieros personales— interfieren o puede entenderse que interfieren con el cumplimiento de sus funciones oficiales".

Y sigue: "Es necesario que tengamos conciencia de lo que nuestras acciones, a falta de una explicación, pueden parecer a otros o ser interpretadas por ellos. En ocasiones la percepción de un conflicto de interés plantea tanta preocupación ética como un conflicto efectivo de interés".

Es momento de planteárselo en serio aquí, en los nuevos poderes, ¿no?

luis.petersen@milenio.com