Centralismo político

Después de semanas de fechas límite, de ausencia de negociación, de culpas y de acuerdos finales, algo quedó claro en la homologación de la reforma electoral: el papel tan importante que está jugando lo nacional en la política local de Nuevo León. Y el papel que jugará en los próximos meses, dada la necesidad que tienen los principales partidos de contar a este estado entre los suyos.

Tanto para el PAN como para el PRI, las elecciones de 2015 en Nuevo León son vitales. Es cierto que también habrá votaciones para gobernador en Colima, Querétaro, San Luis Potosí y Sonora. Pero…

Para el PAN, en Nuevo León se reúnen: a) las posibilidades reales de ganar y b) la importancia política y económica del estado. Estas dos características que hacen que, para ellos, el triunfo aquí sea clave. Gustavo Madero lo ha expresado así desde antes de su reelección como jefe nacional.

Después de la hecatombe de 2012, ganar Nuevo León es un paso necesario para que Acción Nacional sobreviva como una fuerza política con capacidad de alternar.

Aunque Madero ha prometido que los candidatos serán seleccionados en Nuevo León y sin injerencias del centro, sí que ha condicionado cuanto ha podido de las reformas estructurales a cambio de allanar el camino al panismo nuevoleonés.

En el PRI, por otra parte, la cosa está bastante definida: hay Presidente. Es cierto que la relación de Peña Nieto con el gobernador Medina se ha construido de manera tersa, sobre todo en el ámbito de seguridad, al grado que éste último se ha llevado más de una vez aplausos públicos por parte del Gobierno Federal.

Sin embargo, doce años de ausencia en Los Pinos, más seis años de sana distancia no fueron suficientes para cambiar un hecho básico del priismo: las decisiones sobre candidatos a gobernador se toman en Los Pinos. Ya hubo mensajes suficientes y las cosas se están tejiendo con todo cuidado. Y ni el PRI ni el Presidente van a dejar que se pierda un estado clave para la economía, para industria y para la reforma energética.

Este contexto ayuda a entender por qué la reforma electoral de Nuevo León se jugó paralelamente en las canchas del Azteca.

luis.petersen@milenio.com