Campañas: el punto de quiebre

Se acerca el punto de quiebre que definirá las campañas políticas para Nuevo León. Los posibles candidatos de los partidos principales están más decantados, pero sólo en principio. En la realidad, siguen colgando de un hilo de telaraña.

En el PAN, la cercanía de las fechas hace que arda lo que hasta ahora parecía templado y con orden. Por lo pronto, todos tienen clara la promesa de Gustavo Madero a los grupos de su partido de respetar la voluntad de los panistas nuevoleoneses. Eso significa que esta vez no repetirán la célebre designación directa, mediante la cual el CEN, por ejemplo, hizo candidato a Fernando Elizondo hace seis años (y en buena medida lo hizo perder). Si la promesa se cumple, el candidato se decidirá en convención o, aunque generalmente no les funciona, en una elección abierta a los ciudadanos.

Margarita Arellanes ha estado a la cabeza en las encuestas panistas y se ha dirigido persistentemente hacia la candidatura. Al final, a la hora de las negociaciones y los acuerdos, ha tensado su relación con otros liderazgos del partido y éstos ya no muestran el mismo entusiasmo. Al grado que no está fácil que sostengan su apoyo en una convención y prefieran ver si hay otras opciones… cosa que tampoco está fácil. El último tramo no está terso para los azules. En absoluto.

En el caso del PRI lo que abundan son los tiradores. La visita del presidente Peña Nieto la próxima semana para poner la primera piedra de una industria de inversión extranjera será también un momento clave. Ildefonso Guajardo, señalado por muchos como el favorito de la IP, del Gobierno Federal y de las clases medias altas (sobre todo ante lo que parece venir para Nuevo León después de la reforma energética), aún no se ha visto lo suficiente: para una gran cantidad de votantes es todavía desconocido aquí. Cualquiera diría que si el candidato del PRI es él, tendrá que empezar a moverse en el estado y en su partido, más allá de sus discretos y selectos encuentros con empresarios y líderes. O comienza ya, o… tal vez eso significa que la predestinación apunta a otro lado.

luis.petersen@milenio.com