Calidad de vida

La semana pasada planteaba aquí cinco temas que considero ineludibles en las campañas: Una contundente política anticorrupción. Una redefinición del trabajo de seguridad, que la centre en la lucha contra la impunidad y en los delitos del fuero común. Una respuesta clara a la crisis de confianza en los políticos, en su apogeo precisamente ahora. Y otros dos que quisiera completar hoy a partir de comentarios de lectores: crecimiento económico y competitividad por un lado, urbanismo y calidad de vida, por el otro.

Aunque se han hecho esfuerzos interesantes, en Nuevo León hay desempleo. Me hacen ver que sobre todo hay salarios bajos y una calidad de vida baja también. Integrar esto en un diagnóstico preciso es la tarea de los gobernantes y sobre todo de los que aspiran a serlo. Los salarios no van a subir si no aumenta la capacidad técnica y la competitividad. La inversión que llega a Nuevo León, y que por cierto hay que seguir impulsando, puede mejorar la calidad de vida, pero exige también mejoramiento de la oferta de educación técnica y especializada. Esto es urgente. Sin embargo no es único: en estos temas es importante que las distintas soluciones avancen en equilibrio. La competitividad en recursos humanos tiene que avanzar al parejo de otros aspectos, como la inversión en infraestructura y el apoyo a industrias periféricas.

La calidad de vida no mejora sólo con aumento salarial. También mejora cuando mejoran los servicios, las calles, la educación, los parques… cuando la ciudad es un bien para todos y no un obstáculo para la mayoría. Particularmente la movilidad: pasarse horas enteras en camino al trabajo, en camiones en los que no cabe un alma más, y en circunstancias que parecen todo menos comodidad, no es vida (ya no se diga calidad de vida). Hay decenas de miles de habitantes de la zona metropolitana en estas circunstancias. Y salir de una casa para encontrarse con una ciudad sin los servicios indispensables hace la vida aún más complicada. No hemos logrado la profesionalización del manejo de la ciudad.

Ahora, más que las personas y las simpatías, son los temas los que cobran fuerza. De ahí vendrá, al menos en muchos ciudadanos, la confianza requerida.

luis.petersen@milenio.com