Auditoría: hasta nuevo aviso

Tal como se veía venir, el Congreso de Nuevo León no fue capaz de elegir al nuevo auditor general del estado. Se suponía que esta semana, durante el periodo extraordinario, los diputados nombrarían al sustituto de Sergio Marenco, quien fue el auditor general hasta su muerte, el pasado 26 de marzo.

Desde hace días, los diputados sabían que era altamente improbable que lograran un nombramiento. Dijeron que no había condiciones, pero en el interior del Congreso nadie parece estar acongojado.

Hay tres explicaciones posibles ante este fracaso. La primera es que ya había un acuerdo de no lograr un acuerdo. A fin de cuentas a nadie le conviene que alguien llegue con renovada enjundia a un año de las elecciones.

La segunda es que no había un candidato suficientemente bueno como para lograr un consenso o al menos una mayoría calificada. Y la tercera, una mezcla de las dos anteriores: como siempre, esa parece ser la mejor explicación.

Veamos. Al parecer las dos bancadas principales ni siquiera estaban seguras de a quién proponer. No estaban satisfechas con los nombres que tenían y menos aún aceptarían el candidato que tuviera la otra.

Es cierto que no buscaron con ganas. En un estado de grandes empresas, en principio sobra quién tenga las habilidades y la probidad necesarias para esta tarea. Que no nos cuenten que no hay.

Pero también es cierto que no estaba fácil. Pues no sólo es el estado el que debe confiar en un candidato a la auditoría. Es éste quien debe también confiar en el estado. No es fácil que un auditor con las características requeridas acepte poner en juego su prestigio como técnico o someterse a los vaivenes de una política que se pone en jaque a sí misma. Sobre todo si no tiene las atribuciones adecuadas. Los famosos dientes.

Continúa, pues, el interinato. Y no da lo mismo. No se trata sólo de sacar la chamba. Los interinos no suelen asumir las tareas de un mejoramiento más allá de las cosas inmediatas.

Y para los diputados lo que sigue es aguantarse la vergüenza de otra tarea no cumplida. Abrirán la siguiente convocatoria y barajarán nuevas cartas. Ojalá revaloren la autoridad del auditor. Ya veremos en septiembre. O hasta nuevo aviso.

luis.petersen@milenio.com