Armas, escuelas, Internet y familias

1. Pudo haber sido un cuchillo o un mazo, es cierto, pero la agresión no hubiera alcanzado ese nivel de gravedad. La presencia de una pistola calibre 22 en las manos de un adolescente del Colegio Americano del Noreste no lo explica todo, pero es una parte clave de cualquier intento por entender esta tragedia.

La facilidad para conseguir armas y el descuido con el que llegan a caer en manos inexpertas, inconscientes, enfermas o criminales son sin duda disparadores de las estadísticas de violencia. También del drama que acompaña a cada punto de la estadística.

Desarmar al país es una tarea urgente: se sabe de la facilidad para comprar un arma en el mercado negro. Pero, al mismo tiempo, es muy importante poner énfasis en la responsabilidad que tienen sobre el destino del arma quienes la poseen incluso legalmente. Cualquiera sabe que el principal cuidado es alejarla de los menores.

2. Creo que las escuelas son otra parte de la explicación y de la solución de problemas como el de ayer. Pero solo una parte, igual que las armas. La ayuda psicológica a tiempo que pueda recibir un alumno es invaluable. Sobre todo, el diagnóstico oportuno de los niños y adolescentes con potenciales problemas serios de comportamiento. Tal cosa prácticamente no existe en México. En general, los jóvenes egresados de secundaria simplemente pasaron sus exámenes... y es mucho decir.

3. Para bien o para mal, el entorno extraescolar también educa (o su contrario). La inseguridad y la violencia que se han vivido en años recientes dejaron huella. Si algo se ha devaluado, es la vida misma. Otro factor del entorno son las redes sociales. Un adolescente con problemas de personalidad encuentra ahí refugio, apoyo para forjar y cumplir sus amenazas.

4. Pero en realidad es en el afecto de la familia o en su ausencia donde se forma de manera determinante la personalidad. Por eso es tan duro lo que se vivió ayer. Nos atañe a todos. Y la vida en estos tiempos no se presta para los cuidados y los afectos.

Día duro. Durísimo.

luis.petersen@milenio.com