Alcaldes sin policía

Aunque un alcalde pueda duplicar los años en su cargo, si le quitan la policía le quitan la mitad de su importancia.

Se queda prácticamente con la mitad de su responsabilidad, la mitad de su poder y, por lo tanto, la mitad del trampolín que le permitiría saltar hacia otros puestos de la escalera política.

Ése es el punto. Con la propuesta presidencial de eliminación de las policías municipales, el discurso de la adorada autonomía municipal se convirtió de golpe en un avispero. Difícilmente se logrará la serenidad necesaria como para tomar las mejores decisiones para la comunidad.

Esta misma semana, el Congreso de Nuevo León lanzó un rechazo a la propuesta de desaparición de las policías municipales. Para lograrlo tuvo que recurrir a una de las mañas más conocidas del manual práctico para políticos: alterar la votación. Al día siguiente, la Oficialía Mayor daba fe de la insuficiencia de los votos.

Muchos se preguntaban si era ingenuidad o mala leche. Da lo mismo, la clave es que medio Congreso se apresuró a decir, en bola, que no estaba de acuerdo con el Mando Único y al día siguiente la otra mitad a desmentirlo. Esto ya no es sólo un tema político: es un tema de políticos.

Lástima, porque el municipio libre y sus funciones se han vuelto uno de los mitos intocables del país. Y en cierto modo, también, un estorbo para el funcionamiento adecuado de las instituciones, y no sólo las policiacas.

Un ejemplo: la gestión de las numerosas zonas metropolitanas será imposible muy pronto si no ponemos en cuestión los alcances del municipio. Monterrey ya es un caso problemático en cuanto a movilidad, crecimiento y reglamentación… se gobierna como una unión de vecinos. Y se nota.

Claro que hay policías municipales que funcionan bien en el país. Pero hay que reconocer que son excepciones. Fuera de éstas, la experiencia ha sido cercana al desastre. Se ha hablado mucho de la policía de Ciudad Nezahualcóyotl. Y aquí cerca, de la Proxpol de Escobedo o la policía de San Pedro.

Los más, no han hecho la tarea y aprovechan la nómina para otra cosa. En estos momentos se hacen la pregunta de moda: ¿y ahora quién podrá defendernos?

luis.petersen@milenio.com