TRIBUNA FUTBOLERA

Golazo que agiganta la esperanza

Los partidos de futbol donde terminan haciendo ebullición todas las emociones que el ser humano puede sentir son los mejores. Asunto diferente son los encuentros muy bien jugados donde los dos contendientes (o uno de ellos) despliegan un nivel sobresaliente. Pero yo me quedo con los primeros donde, por su contexto y magnitud, nos tienen en vilo por no tener la más mínima certeza de lo que pueda suceder. El partido entre México y Panamá fue así; empezó atractivo y con una selección local dispuesta y dinámica, tal vez más dinámica que precisa, pero sí muy revolucionada. Parecía, como muchas veces ha sucedido en el Azteca, que México no tendría una noche compleja. Pero no fue así.

Y es que cuando uno se mentaliza para algo, para lo que sea, sucede que termina aconteciendo lo contrario. Pero con México ya estamos acostumbrados a sufrir. Me resultó conmovedor cómo el Azteca empezó esperanzado y a todo vapor. Sin lugar a dudas eso contagió a los de la cancha. Pero el futbol de México sigue siendo al vapor, demasiado volátil; empieza firme, sin mucha calidad, pero sí con cierta convicción, pero termina resquebrajándose. La Selección se quiebra como el cristal en los segundos tiempos de sus partidos. Y se colapsó a tal grado que Panamá creció y se volvió incisivo.

Es hermoso el descubrimiento de Peña para la Selección; jugadorazo. Se come el terreno y siempre sabe qué hacer. Lo de Peralta no es nuevo: el mejor delantero de México y para México. Espero que Javier Hernández ya no juegue: Estorba. No quiero parecer despreciable, pero me dio gusto que los panameños, tras fallar el penal, se lo restregaran en la cara. Tal vez “Chicharo” tenga agallas, pero lo que tiene de agallas le falta en talento. Lo mejor del partido: los goles y el drama del final. Lo peor: el bajón de la Selección y el nivel de algunos como Dos Santos o Javier Hernández.

No sé si México irá al Mundial, pero lo que sí sé con certeza es que este equipo ha batallado más que nunca en su eliminatoria y ante rivales que representan un nivel futbolístico muy bajo. La realidad de México es que, así lo dictan las circunstancias, está al nivel de Panamá, Costa Rica, Honduras y compañía. Sufre con ellos, acaricia el dramatismo cada vez que los enfrenta. Las distancias se han acortado ya; México no tiene ni centímetros de aquel “gigante” que llegó a ser. Tal vez el martes habrá Mundial, tal vez el martes habrá catástrofe.